María Elena Ramírez de Lara y Martha Eugenia Rodríguez Pérez (coords.), Miradas a las revistas médicas mexicanas de los siglos XIX y XX,
México: Universidad Nacional Autónoma de México-Facultad de Medicina, 2024, 184 pp.

DOI:https://doi.org/10.15174/orhi.vi22.17

María Eugenia Constantino Ortiz1 orcid 0000-0002-5696-5106.

1 Universidad Nacional Autónoma de México, México.

* Contacto: maru.cons@gmail.com

Fecha de recepción: 18 de septiembre de 2025

Fecha de aceptación: 25 de septiembre de 2025

“En todo caso —solía decir en clase—, la poca medicina

que se sabe sólo la saben algunos médicos.”

Gabriel García Márquez, El amor en los tiempos del cólera.

Medicina y literatura son los componentes de un binomio gestado hace ya algunos siglos. Ya sea porque los médicos escriban sobre sus propios saberes, sus historias y sus hombres ilustres, o ya sea porque alguien más se inspire para escribir acerca de ellos en la ficción o en la realidad, el punto es que las prácticas de lectura y escritura relacionadas con el ejercicio de la medicina han sido sustanciales para dar forma a la disciplina, tanto como a la figura auténtica y simbólica del médico.

Y es que, desde siempre, los médicos se han considerado figuras de autoridad. Sus largos años de estudio y especialización; su conocimiento sobre el cuerpo, sus afecciones y sus curas; su capacidad para entender la semiótica de la enfermedad; su participación en múltiples observaciones y descubrimientos científicos; así como su incidencia en la toma de decisiones y políticas públicas, les han permitido construirse como personajes fundamentales en la historia de las sociedades y, por consiguiente, en la historia de la literatura.

Las imágenes generadas por la literatura de ficción permearon el imaginario popular de antes y de ahora, provocando en los lectores, una construcción cultural del médico y su disciplina. Y si bien esto ha sido definitivamente importante, la ficción no ha sido la única responsable. En el ámbito académico, clínico y público surgió en el siglo XIX un nuevo espacio literario que contribuyó también en la construcción del perfil de la medicina y sus actores; este espacio fue el de las revistas especializadas. Como sabemos, la prensa periódica fue parte de una arena pública en la que se divulgaban y discutían noticias relacionadas con la medicina desde el siglo XVIII. Sin embargo, es importante reconocer y mostrar que el siglo XIX enmarcó el ocaso de los contenidos misceláneos para dar paso a la selectividad de la información y el surgimiento de las publicaciones especializadas, relevantes en su momento porque demostraron la detección de un hecho: había lectores específicos que buscaban contenidos adecuados a sus intereses y, por tanto, había que generar una literatura propia para cada público, contando desde los niños y las mujeres hasta los científicos, los agricultores y los mineros.1 En el caso de la medicina, la importancia residía en su utilidad al beneficio público tanto como gremial, y por eso los temas sanitarios aparecerían en distintos tipos de revistas; sin embargo, aquí nos enfocaremos solo en estudiar aquellas escritas por médicos para médicos.

La observación de la prensa periódica se ha vuelto muy relevante en las últimas décadas dado que se ha reconocido su importancia como fuente primaria de distintas asignaturas.2 El periodismo, las distintas ciencias, la educación informal, los procesos de recepción de la lectura, la publicidad, e incluso el diseño gráfico y las artes visuales, han encontrado en la prensa un soporte material fiable que permite reconocer diversas fases del desarrollo histórico de las disciplinas, su cultura material y la transformación del propio objeto, indiscutiblemente significativo para reconocer los medios de estabilización del conocimiento publicado en sus páginas. La prensa periódica es sin duda un objeto de estudio polisémico del que pueden hacerse múltiples lecturas significativas, tanto de fondo como de forma. Esto ha sido fundamental para establecer líneas de investigación asociadas a los estudios culturales de la prensa, dentro de los que se encuentran, precisamente, las que tocamos hoy: la historia y la historia de la ciencia.3 Es ahí que se inserta el libro que presentamos y que ha sido coordinado por las doctoras María Elena Ramírez de Lara y Martha Eugenia Rodríguez Pérez, ambas especialistas en hacer historia de la medicina e interesadas en estudiar la cultura material del gremio con foco en la prensa periódica.

Miradas a las revistas médicas mexicanas de los siglos XIX y XX es resultado de un esfuerzo conjunto por mostrar la importancia de las revistas médicas como patrimonio documental, pero también, como fuentes primarias y objetos susceptibles de análisis histórico, relevantes para la construcción de diversas disciplinas. Por sus cualidades intrínsecas, las publicaciones tienen una densidad epistémica que las convierte en un objeto limítrofe, estable y suficientemente maleable, que puede moverse entre distintos campos del conocimiento para ser cuestionado en función de sus autores, sus lectores y sus contenidos. Ahí, entre líneas, se encuentran diversos tejidos: las redes de comunicación, diálogo e intercambios que se establecían a partir de las revistas; los debates científicos; las rutas de tránsito y circulación de los ejemplares; los fenómenos de escritura, lectura y recepción de sus contenidos; los procesos editoriales; el contexto político y social que las rodeó durante su vida pública; o bien, la diversidad de actores que intervinieron en su diseño, publicación y distribución.

Miradas a las revistas médicas mexicanas de los siglos XIX y XX atisba en la diversidad de actores, intereses y organismos asociados a la producción de revistas especializadas en medicina. Desde el índice, los ocho capítulos que componen el texto, nos perfilan una historia compuesta de varias aristas que mostrarán distintas lecturas de la prensa periódica: el impacto de la Independencia mexicana, las polémicas, las asociaciones, la segmentación y la especialización de la disciplina, los actores relevantes y la proliferación de títulos existentes una vez entrado el siglo XX. Quienes escriben cada capítulo son autores expertos, ya sea en el estudio de la prensa periódica, el estudio de la historia de la medicina o bien, en la conjunción de ambos mundos. Esto les permite jugar con la mirada para, por ejemplo, encontrar un objeto preciado, como lo hizo Martha Eugenia Rodríguez Pérez al buscar, por cielo, mar y tierra, ejemplares físicos de Higia, periódico de salud, la primera revista médica del México independiente, hasta que fueron encontrados en la Biblioteca Nacional de Francia. En su capítulo, Rodríguez nos describe cómo los ocho números de esta publicación se enfocaron en la medicina de la época para combinar, con una visión integral, diversos contenidos de divulgación sanitaria, crítica social y propuestas de política pública, que buscaban orientar a la población mexicana con contenidos internacionales, adaptados a la realidad que el país vivía en 1833.

El libro explora también la arista de las instituciones y las asociaciones. Ahí tenemos varios capítulos que nos hablan de cómo esos organismos encontraron en las revistas una arena pública para el intercambio de ideas y exposición de debates. Maribel Jácome Rogel revisa La Gaceta Médico Militar de México, editada entre 1889 y 1893 como órgano oficial del Cuerpo Médico Militar, y nos muestra su función como medio de difusión de su práctica médica, pero también, como organismo de comunicación administrativa y científica dentro de la institución, útil para la profesionalización de la medicina militar de nuestro país. Aquí, Jácome realza las aportaciones de los médicos militares que buscaban alinear la medicina nacional con los estándares europeos propios del Porfiriato, mientras mejoraban la atención sanitaria a los soldados y fortalecían la prevención de enfermedades en cuarteles y campos de batalla. Por otro lado, el Boletín Médico del Hospital Infantil de México se nos presenta por Celia Mercedes Alanís Rufino como un vehículo de difusión de los avances de la pediatría, creado a mediados del siglo XX y vigente hasta nuestros días. En sus páginas, la autora nos describe con mucha claridad el contexto de origen del Boletín, así como las distintas redes de actores que se concatenaron para materializar la publicación y generar contenidos de interés para sus lectores. Algo relevante dentro de este capítulo es la referencia a la información visual, que se presenta en forma de gráficas, fotografías e ilustraciones que nos dejan conocer los modos de ver de los pediatras de la década de 1940. El texto de Verónica Ramírez Ortega, por su parte, nos habla de la función que las sociedades médicas del México independiente asumieron como gestoras de espacios que contribuyeran con los cambios en las instituciones de enseñanza y práctica profesional de sus agremiados, entre los cuales surgieron las publicaciones periódicas. El capítulo nos da cuenta con detalle de los movimientos políticos y sociales que contextualizaron el quehacer de las sociedades y su surgimiento como editoras de periódicos y revistas representativos de sus intereses.

En la arista de las polémicas tenemos el capítulo de Alba Dolores Morales Cosme, quien nos refiere al Periódico de la Academia de Medicina de Mégico que, entre 1836 y 1841, sirvió para exponer la modernización de la teoría médica a través de polémicas científico-médicas en las que se discutía la transición del modelo humoral al anatomopatológico y la influencia de la medicina francesa, mientras se trabajaba en la construcción de una comunidad científica, aún en medio de la inestabilidad política del país. Más adelante, Daniel Serrano nos habla en su texto sobre intercambios globales, diálogos de saberes y circulación del conocimiento médico en la publicación La Escuela de Medicina: Periódico científico, dedicado a las ciencias médicas, publicado en la ciudad de México a finales del siglo XX, con contenidos diversos provenientes de Francia, España, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Con su argumento, el autor busca mostrar los alcances de los médicos mexicanos durante la transición del siglo XIX al XX, evidenciando cómo sus saberes se exponenciaron gracias al canje de revistas científicas con sus pares internacionales.

Finalmente, los dos artículos que falta mencionar, se enfocan en temas disímiles de los anteriores, pero ubicados en el siglo XX. Primero, el capítulo titulado “Gustavo Argil Camacho, médico, académico, funcionario y editor”, entra en la narrativa biográfica, tratando de alejarse de la hagiografía, para mostrar al personaje en su contexto y su complejidad, como miembro de una red de pares que se configuraba como la comunidad en la que se sostenía; pero también, como docente, médico, editor y director de Medicina. Revista científica de la que fue líder durante casi seis décadas. Segundo, el capítulo de Dalia Valdez Garza que cierra el libro con una relación de 120 títulos resguardados en la Hemeroteca Nacional de México y una propuesta teórico metodológica útil para la clasificación de las revistas médicas mexicanas del siglo XX. Aquí, la autora no solo hace una relación de fuentes, sino que profundiza sobre sus contenidos y los disecciona, separando la información científica de la que no lo es y dando luz a esas divergencias en las que autores y editores exponen las estrategias editoriales de sus publicaciones.

Para concluir, cada uno de los componentes del libro nos proporciona aportaciones diversas para las áreas de estudio que toca y nos muestra, de manera retórica, un juego de espejos a partir del cual los historiadores observan cómo los médicos se construyeron públicamente en el devenir de los siglos XIX y XX, a través de su práctica en la clínica y en el ejercicio dialéctico constante que, como toda ciencia, requiere la medicina.

1 Sobre este tema, ver la obra de Luz Fernanda Azuela y Rodrigo Antonio Vega y Ortega, “Ciencia y público en la ciudad de México en la primera mitad del siglo XIX”, en: Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, núm. 67, vol. 2, 2015, pp. 109-121.

2 María Elena Ramírez de Lara y José Daniel Serrano Juárez, “Las revistas médicas como fuente de información histórica: Una propuesta para su estudio y valoración material”, en: Revista CONAMED, núm. 23, 2018, pp. 13-18.

3 Algunos textos de referencia para este tema son: el libro colectivo coordinado por Dalia Valdez, Rodrigo Vega y Ortega y María Elena Ramírez, Perspectivas disciplinarias y metodológicas en el estudio de revistas científicas mexicanas del siglo XX, México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2023; Luz Fernanda Azuela, “La ciencia en la esfera pública mexicana (1821-1864)”, en: Saberes. Revista de historia de las ciencias y las humanidades, núm.1, vol. 3, 2018, pp. 30-56; Luis Alejandro Díaz Ruvalcaba, El barómetro y la revista. La meteorología y sus públicos en la prensa de la Ciudad de México, 1863-1900, México: Historiadores de las Ciencias y las Humanidades, A.C. 2022.