José Carlos Reyes Pérez, Una historia de Ediciones ERA. La Guerra Fría en Latinoamérica
y su impacto en una empresa interesada en los marxismos 1960 -1989,
México/Bogotá: Universidad Autónoma Metropolitana/Universidad del Rosario/Pontificia Universidad Javeriana, 2024, 288 pp.
DOI:https://doi.org/10.15174/orhi.vi22.18
Sebastián Rivera Mir1 0000-0002-7491-9306.
* Contacto: sebastianriveramir@gmail.com
Fecha de recepción: 19 de junio de 2025
Fecha de aceptación: 1 de octubre de 2025
El presente volumen comienza recuperando un fragmento de uno de los textos con mayor impacto entre quienes estudian actualmente la historia de las relaciones entre política, ideas y edición. Me refiero al artículo del intelectual francés Régis Debray, “El socialismo y la imprenta: un ciclo vital”, donde plantea una superposición de labores entre los revolucionarios y los editores. Esta propuesta fue publicada por la New Left Review en julio de 2007, marcando una pauta analítica que ha resultado fructuosa para diferentes escenarios caracterizados por la disolución de las fronteras entre el trabajo editorial y las militancias políticas. Su lectura metodológica podría ser un primer acercamiento al por qué José Carlos Reyes Pérez decidió insertar como epígrafe algunas palabras de Debray. Sin embargo, otra variable resulta también trascendental. La revista, así como su autor, fueron actores clave en las discusiones que le dan sentido al libro aquí reseñado: el surgimiento a nivel global de lo que se ha denominado la Nueva Izquierda. De ese modo, esta doble mirada, por un lado, a las tramas del contenido, pero también a la figura del enunciante, atraviesa cada uno de los pasos que sigue el autor al analizar la historia de Ediciones ERA.
A juicio de Reyes Pérez, ERA se desempeñó al mismo tiempo como un vehículo para determinados discursos y como agente en la construcción de una posición política específica. Su capacidad de acción la convirtió en un actor clave en la constitución de la izquierda latinoamericana en los tensos años de la Guerra Fría. Esta perspectiva analítica sobre la editorial, no solamente como una empresa orientada hacia el mercado, sino como parte de las dinámicas políticas e intelectuales, marca el recorrido y la periodización que nos plantea el autor.
Organizado en tres capítulos (Cap. 1 La cultura escrita de izquierda en español en el contexto de la guerra fría y su circulación global; Cap. 2 Lo que era: ERA; Cap. 3 Ediciones Era y el marxismo disidente), el libro es el resultado de la tesis de maestría de José Carlos Reyes, desarrollada en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (cide). De hecho, en buena medida el texto mantiene la estructura de tesis, comenzando con un panorama contextual sobre los distintos aspectos que se cruzan en la argumentación general. Así, en el primer apartado transitamos desde los procesos globales de la Guerra Fría hacia la fundación de Ediciones ERA en 1960. Una parte relevante de este contexto se relaciona con la mirada sobre el ámbito editorial en España, Argentina y México, lo cual es clave debido a que la articulación de estos tres espacios ha liderado la publicación de obras en español. Además, a estas condiciones editoriales se sumará el factor político que convirtió a México en el receptor de exiliados de los otros dos países.
En el segundo capítulo, el libro se concentra en la labor de la propia editorial. El actor principal en este apartado son las publicaciones de Era, en una especie de biografía de los libros que nos lleva por distintos países, problemáticas y desafíos. Para el autor, desde la primera publicación dedicada a Cuba, escrita por Fernando Benítez en plena revolución, se establecieron las bases políticas sobre las que la editorial pretendía moverse. La difusión de las luchas emancipatorias se transformó en uno de los hilos conductores, recorriendo no sólo América Latina, sino actualizando la mirada sobre África y Asia en sus procesos de liberación nacional. En este aspecto, Reyes Pérez se detiene en el libro La democracia en México, una propuesta que había sido rechazada por el consejo editorial del Fondo de Cultura Económica y que apuntaba precisamente a cuestionar la organización económica del país. Con ello, además de los posibles desafíos a la institucionalidad, vemos el trabajo colaborativo que poseían las diferentes editoriales del periodo (sumando a las dos recién mencionadas podríamos complementar con Siglo XXI, Joaquín Mortiz, Diógenes, entre otras). Esto nos conduce a reflexionar sobre cómo Ediciones ERA construyó su capital intelectual, para posicionarse en un mercado en disputa por los lectores de las izquierdas.
Finalmente, el tercer y último capítulo se concentra en dos colecciones centrales para la editorial, tanto por su extensión en el tiempo como por su impacto en las ciencias sociales: El hombre y su tiempo y Serie Popular. Ambas permitieron que diversos autores relevantes para el marxismo encontraran un lugar de debate. Posiblemente estas colecciones fueron cruciales en la conformación de las bibliotecas personales, especialmente de los jóvenes militantes y universitarios del periodo. Los ejemplares llegaron a imprimirse por miles, y si la coyuntura lo requería se realizaban reimpresiones semanales.
Ahora bien, debemos destacar que este acercamiento nos permite visualizar una parte del campo intelectual mexicano, especialmente aquel relacionado con los debates en torno a la revolución, el antiimperialismo y la democratización del país. Desde su fundación en 1960, distintos escritores, ensayistas e investigadores, conformaron parte de los esfuerzos realizados por los impulsores de la editorial (los hermanos Neus, Jordi y Quico Espresate, Vicente Rojo y José Azorín). Los colaboradores se repartían en una amplia gama de posicionamientos políticos, entre maoístas, consejistas, marxistas clásicos, nacionalistas o integrantes de la izquierda gubernamental, entre otros. En esta diversidad, encontraron un espacio de diálogo, aunque no estaban libres de tensiones y conflictos entre sí. De ese modo, la Imprenta Madero, que cobijaba a la editorial, podía realizar trabajos para el gobierno y al mismo tiempo para sectores comunistas proscritos. Como también señala la investigadora Kenya Bello, entre sus principales clientes encontramos a sectores del pri, así como a la Embajada de la Unión Soviética. A juicio del autor, es precisamente este eclecticismo lo que posibilita penetrar en los devaneos de la conformación de una Nueva Izquierda en México. Volveremos sobre ello un poco más adelante.
Como todo campo intelectual, el recorrido que nos presenta José Carlos Reyes se detiene en elementos claves para su conformación. Por ejemplo, la editorial fue central en las trayectorias de determinados escritores. En algunos casos, hubo quienes publicaron sus primeras obras, también encontramos a quienes se convirtieron en autores de la “casa”, o incluso a algunos que se transformaron en best sellers o en long sellers, publicados durante décadas sin perder vigencia. Fernando Benítez, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco, Elena Poniatowska, José Revueltas, son sólo algunos de los nombres consagrados, que analiza el presente libro. Por supuesto, en estas trayectorias guarda un espacio relevante la relación de las labores editoriales con los diferentes exilios que arribaron a México, antes y durante este periodo. Los vínculos con los republicanos españoles se fortalecieron en la medida que la década de 1970 implicaba la llegada de latinoamericanos perseguidos por las dictaduras. Así, las trayectorias analizadas van más allá de las fronteras mexicanas.
En este plano, una de las distinciones clave se refiere al giro material de la presente investigación. Las condiciones de producción y circulación de los impresos se relacionan de manera directa con el impacto que pudieran tener las ideas impulsadas por los diferentes autores o por los propios editores. Tirajes, papeles, tamaños, portadas, diseños, se enhebran con las propuestas teóricas, políticas, literarias, dando complejidad al ámbito intelectual. Esta noción no fue ajena al quehacer de la propia editorial, que supo compaginar ambas facetas.
La principal herramienta metodológica que permite a José Carlos Reyes presentarnos esta nueva perspectiva sobre Ediciones ERA es la reconstrucción de su catálogo. De hecho, más de algún autor clásico en los estudios del libro y la edición señala que todo está en el catálogo, y Reyes parece seguir esta indicación al pie de la letra. En contraste con las muchas veces grandilocuentes declaraciones de principios o manifiestos editoriales, el orden de los libros nos permite comprender los objetivos de este tipo de empresas con un mayor apego a las condiciones realmente existentes. El catálogo nos enseña las prioridades, pero también los vacíos, los conflictos. Su recuperación, dada la ausencia de un archivo abierto a la consulta pública, implica nuevamente la posibilidad de comprender qué propuesta realizaba la editorial desde sus talleres. De hecho, el mismo Vicente Rojo en más de alguna ocasión señaló que si alguien quería conocer en profundidad la historia de la editorial, se debía acercar a su catálogo. Por supuesto, este trabajo implica desafíos relevantes, especialmente si se considera que se trata de reconstruir la producción de una empresa repleta de impresiones, reimpresiones, reediciones, traducciones, coediciones, desplegadas en los casi 30 años de labor que el autor se propuso analizar.
En este sentido, el catálogo nos presenta la posibilidad de reconceptualizar la figura de la empresa editorial. En otro texto, Gustavo Sorá ha reflexionado sobre la posibilidad de impulsar un modelo de negocio capitalista a partir de dinámicas de edición socialistas. Algo que parece a primera luz contradictorio, también se asoma en las búsquedas comerciales y políticas que llevó a cabo Ediciones ERA. A contrasentido del título que eligió José Carlos Reyes, la empresa no sólo se muestra “interesada” en el desarrollo de las izquierdas. Lo que se va demostrando a cada paso es que, a través de sus distintas herramientas editoriales (tirajes, formatos, selecciones) la empresa fue un actor de la discusión sobre el marxismo, estaba en el centro del debate y no actuaba como un mediador anodino.
A nivel de propuestas, desde mi perspectiva el libro nos deja en el tintero dos trabajos urgentes. El primero de ellos se relaciona con la necesidad de reconstruir la historia de las editoriales correspondiente a las décadas de 1960 a 1980, para lo que es crucial el rescate de los pocos archivos disponibles. Esto a su vez se vincula con los propios límites del libro aquí reseñado, ya que se extraña un mayor diálogo con otras experiencias que se desplegaban en forma paralela. Incluso, a pesar de algunas menciones, los recorridos del Fondo de Cultura Económica o de Siglo XXI, en general están ausentes de la argumentación, pese a que compartían autores, canales de distribución y en algunas ocasiones temáticas. Por supuesto, para enfrentar la amplitud de las actividades editoriales del momento, tal vez uno de los más dinámicos de la historia mexicana, nos encontramos con la falta de archivos. Preguntas sobre el proceso editorial o sobre la organización interna de estas empresas, sólo podemos responderlas a través de testimonios aislados ¿Cómo se tomaban las decisiones editoriales? ¿Cómo se desarrollaban los diferentes pasos de la transformación del texto en libro? Ambas variables, como ha demostrado la historiografía, impactan en el contenido final de las obras. El taller de Ediciones ERA es algo que aún no alcanzamos a vislumbrar y tal vez recurrir a otras experiencias sea una alternativa viable.
El segundo pendiente se relaciona con una discusión de mayor calado y que se encuentra hoy en pleno debate: qué fue la Nueva Izquierda en México, si es que la hubo. De hecho, José Carlos Reyes nos entrega una lista interesante de posiciones políticas recuperadas en el catálogo de la editorial. A las mencionadas un poco más arriba, podemos agregar el trotskismo, los gramscianos, las disidencias soviéticas, o incluso las propuestas de José Carlos Mariátegui. En primer lugar, podemos preguntarnos hasta qué punto todas las variables de las izquierdas son realmente nuevas. La mayoría de las tendencias ya tienen varios años cuando se empieza a discutir un concepto que busca fundamentalmente diferenciarse de la vieja izquierda, o sea, la soviética. Pero para el caso mexicano el problema no sólo es la novedad del proceso, sino que también su contenido y el ámbito editorial es un buen punto de mira para este problema. El marxismo ocupa en la edición mexicana una historia de mediano plazo, con un vínculo especial con los aparatos culturales del Estado, algo que no es común ni en América ni en Europa. Sus derivas, para los años sesenta ya tienen diversos antecedentes, por ejemplo, los consejistas alemanes fueron clave en la relectura del Marx con la traducción de los Manuscritos económicos y filosóficos a mediados de la década de 1930. De ese modo, las prácticas eclécticas de las editoriales de izquierdas, combinando diversas formas de entender el marxismo, construyeron determinadas nociones ideológicas poco ajustadas a lo que implicaban los debates en otros lugares del planeta. De ese modo, me parece necesaria la invitación a no comprender a las nuevas izquierdas como algo dado, sino como un proceso contingente, histórico.
Para concluir, si seguimos la propuesta de que editar es de cierto modo un sinónimo de militancia, el acercamiento aquí propuesto se complementaría con las necesidades de comprender a cabalidad ambas partes de la ecuación, edición y política, y sus límites difusos. Esa es la tarea que nos deja esta historia de Ediciones ERA.