Fausta Gantús y Alicia Salmerón (coords.), Un siglo de tensiones: gobiernos generales y fuerzas regionales. Dinámicas políticas en el México del siglo XIX,
2 tomos, México: Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora/Universidad Autónoma de Campeche, 2024

DOI:https://doi.org/10.15174/orhi.vi22.15

Graciela Bernal Ruiz1 0000-0001-9063-512X.

1 Universidad de Guanajuato, México.

* Contacto: gbernal@ugto.mx

Fecha de recepción: 9 de abril de 2025

Fecha de aceptación: 5 de octubre de 2025

Es un lugar común afirmar que México nació como un país con grandes diferencias internas, y que en gran medida esto influyó en la inestabilidad del siglo XIX, marcado por innumerables levantamientos armados que protagonizaron líderes militares regionales y diversos gobiernos nacionales —o generales, como se apunta en esta obra—. El conjunto de los trabajos que conforman los dos tomos de Un siglo de tensiones, se inscribe en esa imagen decimonónica mexicana, aunque matiza afirmaciones que se han hecho en la historiografía sobre diversos procesos regionales y sus protagonistas al identificar actores específicos, redes de colaboración, puntos de tensión, conflicto y negociación, así como elementos en los que esos actores sustentaban el poder. En ese sentido, puede convertirse en un modelo para analizar estas problemáticas en otros casos del país que no se abordan en esta obra.

Los dos tomos están organizados cronológicamente. El primero de ellos, que en términos generales abarca la primera mitad del siglo XIX, contiene un capítulo sobre Jalisco, con Luis Quintanar y su liderazgo en esta entidad entre el primer Imperio y la república federal; dos sobre Guanajuato: uno analiza la figura del Comisario general entre 1824 y 1833, y el otro se enfoca en la parte final del Centralismo y las batallas que libró Manuel Doblado para controlar los cuerpos armados en plena guerra contra Estados Unidos. El capítulo sobre Michoacán analiza la figura del gobernador Álvarez durante la república central; el de Yucatán se enfoca en la destitución de Marcial Guerra que llevó al fracaso del gobierno centralista en esa entidad; el de Tabasco analiza la dimisión del gobernador centralista José Ignacio Gutiérrez como consecuencia de la invasión federalista de Juan Pablo Anaya, y el de Durango la fragilidad de las alianzas locales en el retorno al sistema federal en esta entidad durante la guerra contra Estados Unidos. En esta misma coyuntura bélica se enmarcan dos textos sobre el Estado de México, uno sobre la negociación y el conflicto que sostuvieron diversos actores por la gubernatura, mientras que el otro analiza las voces de diversos sectores sociales a través de peticiones y reuniones populares para volver al sistema de gobierno federal.

El segundo tomo, que se enfoca en la segunda mitad del siglo XIX, se integra con trabajos sobre Puebla, con Juan N. Méndez y la construcción de una red política entre 1857 y 1868 que lo ayudó a sostenerse en el poder y proyectarlo tanto a nivel estatal como nacional; de Yucatán, con la figura de Salazar Ilarregui y los proyectos imperiales para la entidad entre 1864 y 1865 que conllevaban la desarticulación de las redes de poder existentes y la conciliación de nuevos intereses; de Aguascalientes, que se enfoca en la caída del gobernador Gómez de Portugal en 1871, como resultado de la división política interior atribuida a un nuevo proyecto fiscal y a las presiones del gobierno nacional. Por su parte, el trabajo sobre Campeche analiza las disputas entre distintos poderes y ámbitos del gobierno entre 1867 y 1870 que llevaron a la denuncia y procesamiento contra el gobernador García Montilla; mientras que el de Zacatecas se enfoca en las acciones emprendidas por el gobernador Trinidad García de la Cadena entre 1868 y 1880 para fortalecer el nuevo pacto federal con el gobierno general; el de Sonora se ocupa de la intervención federal que sufrió el estado en 1876 a raíz de la inestabilidad política y social, que derivó en el establecimiento de un gobierno militar; y el de Coahuila analiza la formación de facciones políticas internas y su relación con el gobierno general entre 1886 y 1893, bajo la gubernatura de Garza Galán y el “procónsul” de Porfirio Díaz en el estado (Bernardo Reyes). Finalmente, el trabajo sobre Veracruz se ocupa de la figura del gobernador Teodoro Dehesa y su antagonismo con José Yves Limantour por la dirección de la política hacendaria del país.

Los trabajos abordan diversos ámbitos de tensión generados entre los gobiernos de las entidades del país y los gobiernos generales, pero sobre todo plantean como eje de análisis las fuerzas hacia el interior de ellas, que sin duda ayudan a entender esas tensiones. En cada uno de los capítulos encontramos nombres y rostros de los actores políticos protagonistas del siglo XIX mexicano, sus trayectorias y experiencias políticas, que en algunos casos se muestran más conectados que en otros; se puntualizan las negociaciones que entablaron, los intereses particulares y grupales, y sobresalen gobernadores, militares, integrantes de Diputaciones provinciales, legislaturas y ayuntamientos, consulado de comerciantes, agentes del gobierno general y obispos.

Asimismo, los autores analizan eventos locales, regionales y nacionales, cuya importancia dependió de las particularidades de cada entidad y del proceso que optaron por analizar. Para ello, en la introducción las coordinadoras plantean que el peso político de esas entidades fue distinto, y lo fue en función de aspectos económicos, culturales, realidades geográficas, lugares de residencia de los poderes políticos, así como de los actores políticos y su capacidad de tejer alianzas. Sobre estos últimos, se enuncian sus trayectorias, y aunque no se hace una mayor reflexión de sus perfiles y experiencia a partir de todos los casos, en los capítulos identificamos un importante esfuerzo por enunciar esas alianzas, que muchas veces se convirtieron en amplias redes locales, regionales y nacionales.

¿En qué radicaban los desencuentros que originaron tensiones, conflictos, pero también alianzas? En términos generales, podemos hablar de la soberanía; la cuestión hacendaria; el manejo de fuerzas armadas o su reclutamiento; la representatividad y, por lo tanto, los procesos electorales; las competencias de autoridades de diferentes niveles de gobierno; el control territorial y su fraccionamiento; y la constante demanda de recursos por parte del gobierno general (como fue el caso del contingente en la primera década independiente, o la exigencia de préstamos en el contexto de la guerra contra Estados Unidos).

Los trabajos también identifican desencuentros en las formas de entender el federalismo —que no es el mismo en la primera república federal que tras su restablecimiento en la década de los años cuarenta—, y que las tensiones derivadas de ellos se modificaron en función del sistema de gobierno vigente (imperio, república federal, república central) y del grado de inestabilidad del país. Asimismo, los autores refieren el contexto internacional, sobre todo en el contexto de la guerra contra Estados Unidos y el llamado Segundo Imperio.

Otro punto que llama particularmente la atención es la formación o el perfil de los actores y la coincidencia de algunos de ellos en instituciones educativas, a partir de lo cual pudieron construir alianzas o redes, como se muestra en los casos analizados para Guanajuato y Campeche. También está el factor “distancia territorial” de la sede del gobierno general, analizado de manera más puntual en los casos de Yucatán y Sonora. En este último, la autora considera la ubicación geográfica de la entidad como un factor determinante, tanto para gozar de cierta libertad en la atención a los problemas internos, como para el poco “interés” que pudo despertar Sonora en el gobierno general lo que, en cierta medida, lo “protegió” de una intervención. Y fue así hasta que las guerras internas de las facciones políticas y el manejo que el gobernador hizo de las incursiones de los grupos indígenas hicieron peligrar la estabilidad política. Esto lleva al cuestionamiento sobre las facultades del gobierno general para intervenir en los estados, algo que siempre estuvo sujeto a escrutinio de estos últimos.

También encontramos el cambio de postura política de los actores, porque una vez en el cargo, algunos de ellos —sobre todo gobernadores—, decidieron ver por los intereses propios y de sus redes de apoyo en esas entidades, como fue el caso de García Galán en Coahuila, que pese a las evidentes pruebas de que no seguía al pie de la letra las disposiciones dictadas por el presidente Porfirio Díaz, fue reelecto como gobernador. Este caso nos lleva a reparar en otro elemento que encontramos en el libro: que además de poner rostro a esas tensiones, los textos que integran la obra “rompen con la imagen de poderes centrales o regionales como una pugna [únicamente] entre dos polos [por el contrario] matizan y en otros casos evidencian los juegos políticos en donde participan múltiples actores que se alinean de acuerdo a sus intereses” (p. 254).

Uno de los puntos más enriquecedores de los trabajos que integran el libro es el conjunto de estrategias utilizadas por los actores que protagonizaron esas tensiones, conflictos y negociaciones. Desde la parte del gobierno general, encontramos amenazas directas o indirectas, uso de las armas, intervenciones para destituir gobernadores y legislaturas, el nombramiento de hombres afines y el envío de agentes, como sucedió con los comisarios generales, figuras que tenían la difícil tarea de ejercer la potestad fiscal en los estados. Asimismo, los presidentes del país recurrieron al envío de comandantes militares, la persuasión, la supresión de garantías individuales o el desprestigio personal. Desde los estados o regiones, entre las estrategias más importantes para oponer resistencia fue la interpretación “a modo” de la legislación vigente, algo que se agudizaba en periodos de transición política. De esta manera, desde los estados encontramos peticiones y escritos de diversa índole, sobre todo en la prensa, que se abordan en casi todos los trabajos.

¿Cuál fue la efectividad de las estrategias implementadas por estos actores? Los resultados son variados, y dependiendo desde donde se mire: hubo destituciones, renuncias, retiradas, pero también el regreso a la vida política (como el caso de Puebla), y por supuesto, negociaciones y acuerdos entre diferentes grupos, que aunque pudiera parecer que están en un segundo plano de importancia en el libro, su análisis brinda una explicación más completa de cómo se trató de hacer frente a un conflicto o solucionarlo.

Un valor adicional de esta obra es que el conjunto de los trabajos que la integran abre varias líneas de investigación. Una de ellas es el de los actores y sus trayectorias, porque al referir rasgos biográficos, se evidencia que algunos formaron parte de la misma legislatura o participaron en enfrentamientos armados de diversa índole que no se limitaron a una sola entidad. Fue el caso de Anastasio Bustamante, Luis Quintanar, Luis Cortazar, el comisario general Ignacio Alas, Juan Pablo Anaya, y Luis Méndez. Sin duda, esto les pudo generar un capital político regional, así como ampliar sus redes de colaboración y de apoyo, y un conocimiento de las diferentes realidades locales, pero en determinados momentos, también abonó al aumento de sus desencuentros.

Otra línea de investigación que abre el conjunto de los trabajos son las acciones emprendidas para favorecer a los grupos “populares”; como sucedió en el Estado de México, en donde la Sociedad Acambay, creada para demandar recursos naturales, se vio favorecida por el gobernador Arizcorreta, quien se había enfrentado a los hacendados de la región por condenar los abusos que éstos cometían. También está el caso de Zacatecas, en donde el gobernador García de la Cadena consideraba que entre las causas que impedían la prosperidad de la república, además del clero y del ejército, estaban los grandes propietarios, y con esa convicción, hacia 1868 planteaba la creación de una ley agraria encaminada a lograr una justicia social. Aquí la pregunta que surge es, ¿qué tanto estas acciones se tradujeron en bases sociales para sus intereses políticos? En Zacatecas se observan algunas acciones en ese sentido, en donde el gobernador estableció redes con diversos actores, como jefes políticos, presidentes municipales y editores; aunque sin duda un estudio sobre esas bases sociales requeriría otro tipo de fuentes y un enfoque analítico distinto. De igual forma, será interesante, por ejemplo, ver la trayectoria de una entidad en las distintas coyunturas del siglo XIX, algo que sin duda implicaría un enorme reto por la cantidad de actores y escenarios locales y nacionales que tendrían que analizarse, pero también abonarían a la comprensión de ese llamado “complejo siglo XIX mexicano” como lo hace esta obra.

En definitiva, estos trabajos son una importante muestra de las diferentes aristas de tensiones que se generaron entre los gobiernos general y las entidades del país, pero también dentro de ellas y entre varias de ellas; de alianzas momentáneas o coyunturales, y de la manera de hacerles frente y solucionarlos, porque como señala Gantús, “la caída de gobernantes no siempre fue un asunto meramente estatal, lo fue nacional”.