Introducción
La mañana del 13 de marzo de 1961, John F. Kennedy -recién electo presidente de los Estados Unidos- realizó una reunión en la Casa Blanca para recibir a cuerpos diplomáticos de los gobiernos latinoamericanos, incluido el colombiano. 1 El encuentro tuvo como objetivo dar a conocer su iniciativa en materia de política exterior hacia la región: Alianza para el Progreso. Este programa tuvo como principal disposición replantear la promoción del desarrollo económico y la democratización en América Latina, a partir del liderazgo ideológico y político de los Estados Unidos. Puede afirmarse que Alianza para el Progreso fue la respuesta diplomática al escenario contencioso que abrió el triunfo de la Revolución Cubana que, aún antes de su giro al socialismo en abril de 1961, puso en entredicho la hegemonía estadounidense en el continente. 2
Para otorgar impulso a la iniciativa, la administración de Kennedy destinó importantes recursos a la renovación de la imagen de los Estados Unidos hacia América Latina. La experiencia más significativa fue la serie de viajes que Kennedy realizó en el subcontinente, en compañía de su esposa, Jacqueline Kennedy Onassis. Además de formalizar acuerdos, estas visitas oficiales se convirtieron en un foro propagandístico apoyado en el uso intensivo de los medios de comunicación, tanto en sus formatos discursivos e impresos como radiofónicos y televisivos. ¿De qué manera el entrelazamiento de los medios potenció el mensaje transnacional de la unidad hemisférica frente al supuesto avance del comunismo? y ¿cuál fue el trasfondo histórico que estos medios construyeron para hacer compatible el contexto colombiano con el discurso desarrollista de Alianza para el Progreso? Siguiendo la visita de Kennedy a Colombia, el presente artículo tiene como objetivo brindar algunas respuestas a estas interrogantes al abrir una línea de reflexión con centro en el registro intermedial, contenido tanto en los discursos pronunciados por Kennedy, como en fotografías del momento y en el video promocional Forging the Alliance-President Kennedy visits Venezuela and Colombia, 3 producido por Movietone en colaboración con la Agencia de Información de los Estados Unidos. Esta cinta fue elaborada para su distribución entre el público estadounidense, lo que significa que formó parte de una campaña de legitimación de la iniciativa a nivel interno, y no como una pieza para su proyección en Venezuela o Colombia. El análisis de este conjunto de materiales, proveniente del John F. Kennedy Presidential Library and Museum, permite seguir tres escenarios protocolarios por los que discurrió la visita de Kennedy: el Aeropuerto Internacional El Dorado, ubicado en la capital; el acto inaugural del proyecto urbano “Ciudad Techo”, y una cena de cierre en el Palacio de San Carlos.
En el primer apartado de este escrito se exponen los rasgos generales del funcionamiento de Alianza para el Progreso, junto con las principales líneas de análisis historiográfico sobre el estudio de este programa, con el interés de situar la propuesta de abordaje de este artículo en el marco de una labor investigativa más amplia. El segundo apartado expone el contexto de recepción de Alianza para el Progreso en Colombia, destacando el lugar que este país tenía en el ámbito regional hemisférico. En el tercer apartado se desarrolla el ejercicio de análisis intermedial sobre la visita de Kennedy a Colombia, integrando fragmentos de los discursos pronunciados por el mandatario en actos públicos y el registro en fotografías y video.
La propuesta del artículo consiste en problematizar la manera en que el planteamiento de Alianza para el Progreso, generado en Estados Unidos, fue movilizado a través de registros narrativos específicos que, al transnacionalizarse -es decir, al pasar de frontera a frontera-, se adecuaron a condiciones nacionales específicas para hacer coherente su mensaje con las condiciones locales imperantes. En un sentido amplio, esta dinámica también revela formas de apropiación por las contrapartes colombianas, que impulsaron agendas propias al abrigo de un programa interamericano. El programa Alianza para el Progreso ha sido motivo de interés entre los estudiosos de las relaciones internacionales de Colombia, tanto en el formato de artículos como en el de tesis y libros colectivos. Entre los autores destacan Luis Eduardo Fajardo, Diana Marcela Rojas, Marlén Domínguez Castellanos, Gustavo Prieto Vargas, Carlos Caballero Argáez, Patricia Pinzón de Lewin, Eduardo Escallón Largacha, María Natalia Marín Suárez, Amalia Ana María Lozano Valcárcel, Robert A. Karl, Orlando Deavila Pertuz, Ricardo López-Pedreros y Óscar Calvo Isaza. 4 Entre estos trabajos, el único que presta particular atención a la visita de Kennedy, ocurrida en 1961, es el de Escallón, 5 que ha resultado una referencia de valor para los argumentos de este artículo que, no obstante, se distingue de aquella aproximación por atender el ámbito de la intermedialidad, una cuestión no considerada por el autor.
Alianza para el Progreso: ¿un modelo de desarrollo para América Latina?
En el planteamiento programático de Alianza para el Progreso, la promoción de relaciones pacíficas y de colaboración con América Latina era la base para el impulso conjunto de un modelo de desarrollo capaz de incidir en el mejoramiento de la calidad de vida de determinados sectores de la población y, con esto, restar condiciones materiales a lo que se interpretó como el avance del comunismo. Recurriendo a autores liberales de la teoría de la modernización, como Walt Whitman Rostow, la base interpretativa de Alianza para el Progreso dictaba que, al acabar con la pobreza, se eliminaría el principal motor de inestabilidad política, lo que además generaría un contexto idóneo para la propagación de los valores democráticos. 6 Con estas directrices, Alianza para el Progreso podía tomar el formato de un programa articulado y de largo aliento, o bien el de proyectos específicos y acotados en el área de innovación agrícola, vivienda, educación y salud, como sucedió en la mayoría de los casos.
En términos de la proyección de la política exterior estadounidense, un antecedente de importancia de Alianza para el Progreso fue el Plan Marshall, destinado a la reconstrucción de Europa tras la Segunda Guerra Mundial. 7 Ahora bien, como ha esclarecido la investigación de Ricardo López-Pedreros, en tanto programa de desarrollo internacional, Alianza para el Progreso no fue por completo un diseño nuevo ni la creación exclusiva de los Estados Unidos, pues fue resultado de una discusión transnacional sobre quiénes encarnaban el derecho legítimo a gobernar en democracias consideradas adecuadas y cómo ese derecho debía ejercerse y distribuirse entre las diferentes sociedades de las Américas, pues en última instancia se buscaba incentivar la participación social con centro en la actividad de las clases medias. 8 Con todo, la diferencia estribó en que Alianza para el Progreso afianzó la noción de que la política exterior estadounidense era un instrumento poderoso para salvaguardar las prioridades políticas internas, desde el binomio seguridad y desarrollo. 9 No obstante, resulta imprescindible clarificar que aún en el marco de intensificación de la Guerra Fría, Alianza para el Progreso se centró en el desarrollo económico antes que en el carácter militar de la seguridad, pues aunque fueron políticas complementarias y paralelas, tuvieron despliegues específicos. 10 Algunos años más tarde, este planteamiento se refinó al abandonar progresivamente la retórica del desarrollo y asumir el carácter militar como el eje de la política de contención hemisférica del comunismo, siendo éstos los elementos centrales de la Doctrina de Seguridad Nacional, que buscó justificar el intervencionismo en la región, 11 sobre todo, en el istmo centroamericano.
El sistema de financiamiento de Alianza para el Progreso fue multilateral. En su proyección inicial se planteó que a lo largo de diez años Estados Unidos podría llegar a aportar 20 mil millones de dólares, esperando una suma equivalente de parte de los gobiernos latinoamericanos participantes, así como de inversores privados. 12 Institucionalmente, el programa se integró a la Agencia Interamericana de Desarrollo, desde donde se vinculó con dependencias como la Organización de los Estados Americanos (oea) y el Fondo Monetario Internacional, que apoyaron la creación de un sistema interamericano, es decir, una estructura continental con la orientación norteamericana. La denominación es importante, pues, en la segunda posguerra, el término interamericano tendió a sustituir al de panamericanismo en todo lo relacionado con acontecimientos ligados a programas de modernización dirigidos hacia América Latina. 13 Para el caso del proyecto de Kennedy, se refería específicamente a la reinterpretación de iniciativas de cooperación continental como la Operación Panamericana, impulsada por el presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek. 14
En suma, el contexto en que se constituyó Alianza para el Progreso apoyó la integración de una teoría de la modernización y una estrategia política. Y toda vez que la modernización genera el fortalecimiento del aparato estatal y su centralización, la instrumentalización de Alianza para el Progreso reforzó el carácter autoritario de gobiernos latinoamericanos. Es por ello que Jeffrey Taffet concluye que “más que servir para promover una reforma política, el apoyo económico de Alianza para el Progreso sirvió para fortalecer gobiernos dictatoriales”. 15 Los ejemplos más claros de esta tendencia fue la intervención militar al gobierno democráticamente electo de Juan Bosch en República Dominicana en 1963 y el apoyo del golpe militar al gobierno de Joao Goulart en Brasil durante 1964.
Si bien el carácter militar no fue el centro de Alianza para el Progreso, las pautas de la militarización no estuvieron distanciadas del programa. 16 Tulio Halperin Dongui señala que, además de los proyectos políticos, el marco de concepción de Alianza para el Progreso también abarcó una serie de actividades de capacitación militar en la región latinoamericana. 17 La justificación de estas labores fue que, a través de la instauración de programas de acción cívica, los militares se convertirían progresivamente en actores del desarrollo económico social. 18 A partir de ello, jugarían el papel de agentes para la introducción de nuevos horizontes de expectativas cotidianas que instaran a los habitantes del medio rural -la mayoría campesinos- a recurrir al Estado y no al comunismo en los momentos de crisis. Casos como el colombiano y el mexicano revelan que la introducción de numerosos grupos de militares en el ámbito rural, junto a otros factores, propició en lo inmediato severas represiones a las protestas sociales y la desintegración del tejido social, mientras que a largo plazo direccionó el fortalecimiento de grupos delictivos que, en asociación con el ejército, transformaron las dinámicas regionales de manera permanente. Ejemplo claro de esto fue el avance de las economías criminales y de grupos paramilitares en las décadas de 1970 y 1980.
Entonces, puede decirse que Alianza para el Progreso fue, ante todo, un programa político y no económico. En esto concuerda la historiografía que analiza la política exterior del gobierno de Kennedy hacia América Latina, si bien con matices propios. Un primer grupo de autores, ceñidos a una lectura del proceso desde los intereses estadounidenses y la descarga de su responsabilidad, lo conforman el trabajo conjunto de Jerome Levinson y Juan de Onís, y los individuales de Stephen Rabe y Arthur M. Schlesinger, quienes coinciden en que las limitaciones de Alianza para el Progreso respondieron a las acciones de las élites y grupos de interés latinoamericanos que buscaron beneficiarse políticamente a costa de los fines del proyecto. 19 El asesinato de Kennedy, ocurrido el 22 de noviembre de 1963, dificultó la continuidad del programa. Un segundo grupo de autores, interesado en evaluaciones de largo plazo -conformado por Michael E. Latham, Jeffrey Taffet y Thomas C. Field-, convergen en que la administración de Kennedy no logró crear políticas excepcionales y por completo originales, ya que sus propuestas -incluyendo a Alianza para el Progreso- eran resultado de una inercia en la tradición estadounidense de búsqueda de la hegemonía política en el hemisferio occidental. Bajo su perspectiva, los impulsos desarrollistas no alcanzaron para que el breve gobierno de Kennedy pudiera desmarcarse de la tendencia general resultante de la Segunda Guerra Mundial, si bien reconocen sus pautas innovadoras. 20 Mientras que el primer grupo antepone las decisiones tomadas desde la Casa Blanca -asumiendo a éstas como el factor decisivo del desarrollo de la política latinoamericana-, el segundo grupo deja abierta una vía para complejizar el escenario político latinoamericano. De esta manera, se establece que no fue sólo el impulso renovador de Kennedy lo que favoreció el avance de las pautas desarrollistas, sino el peso de los políticos latinoamericanos que aprovecharon la iniciativa para impulsar agendas particulares. En términos generales estas habrían servido a élites conservadoras y autoritarias para mantenerse en el poder, 21 sobre todo en contextos electorales. La perspectiva de estos actores incluso puede ser considerada la causa, como en el caso de Colombia, de lo limitado del alcance del programa. 22 Por otro lado, López-Pedreros ha constatado los elementos de clase en el diseño de Alianza para el Progreso, ya que su ejecución tendió a beneficiar a ciertos sectores sobre otros, y en particular a las clases medias. 23 De igual modo, estudios de caso como el de Orlando Deavila Pertuz y el de Óscar Calvo Isaza han demostrado que el enlace de Alianza para el Progreso con políticas de desarrollo comunitario también animó la adecuación de los lineamientos bajo los términos de la participación política de los sujetos de base más allá de las dinámicas del clientelismo y la autoayuda. 24
Volviendo a las evaluaciones de conjunto y citando a Taffet, es pertinente reiterar que, si restringimos al análisis económico el funcionamiento de Alianza para el Progreso, las conclusiones parecen muy evidentes debido a que “el programa no fue un éxito, los países latinoamericanos no experimentaron un desarrollo económico porque la ayuda estadounidense, y el programa no fortalecieron la democracia”. 25 Por ello resulta más productivo indagar sobre las causas ideológicas y políticas de sus planteamientos. En esta línea, Field afirma que el interés del presidente Kennedy por el desarrollo en el Tercer Mundo se originó al comprender que el contexto internacional estaba cambiando rápidamente, al acelerarse la descolonización yel posicionamiento de los no alineados a la lógica de un sistema global pretendidamente bipolar, conduciendo “el debate internacional de la Guerra Fría hacia la lucha por la independencia económica y política”. 26
Alianza para el Progreso, rumbo a Colombia
Antes de la reunión en la Casa Blanca con los mandatarios latinoamericanos, convocada el 13 marzo de 1961, Kennedy informó la presentación de la nueva política regional en las páginas de la edición en español de la revista Life, correspondiente al 6 de marzo, donde indicó que el objetivo desarrollista de la política latinoamericana se alcanzaría “sólo cuando todas las formas de tiranía -o sea el régimen despótico en el país o la dominación desde el extranjero- sean expulsadas del hemisferio”. 27 Ahora bien, el banderazo oficial ocurrió en territorio latinoamericano durante el mes de agosto en la reunión de Punta del Este en Uruguay. En aquella ocasión, Kennedy presentó la Carta de Punta del Este, que condicionaba la ejecución del programa a que los países interesados implementaran con anticipación una serie de modificaciones tendentes a la adecuación de los objetivos centrales, tales como medidas de crecimiento económico, incentivos a la industrialización, reformas agrarias, eliminación del analfabetismo, el aumento de la esperanza de vida y la extensión de servicios de vivienda. Este documento fue firmado por todos los miembros de la oea, exceptuando a Cuba, representada por Ernesto Che Guevara.
Aunque resultaba evidente que Cuba no suscribiría el programa de Kennedy, y que el mismo presidente no buscaba integrar a la isla, se trató de una maniobra política que confirmó que el gobierno revolucionario estaba dispuesto a aprovechar la oportunidad de mostrar su postura antiimperialista. La revista Time informó que se podría esperar que el Che usara todas las armas de su bien surtido arsenal para confundir y derrotar lo que él llamaba “Alianza para la Explotación”. 28 Por otro lado, la presencia del Che reafirmaba a los conservadores que llegado el momento de una verdadera reforma social y económica sólo habría dos vías: Cuba o Estados Unidos. Profundizando en una línea crítica de las posiciones de Kennedy hacia las dinámicas imperantes, Oliver Stone y Peter Kuznick señalan que “Kennedy se postuló como el candidato del cambio. Pero no sólo prometió cambios positivos. Junto a políticos de línea dura, criticó al gobierno Eisenhower-Nixon por tolerar la llegada al poder de Fidel Castro en Cuba y permitir que los soviéticos llevaran la delantera en el número de misiles”. 29 Como puede suponerse, los programas de Alianza para el Progreso fueron selectivos tanto por aspectos económicos como políticos, entre los que finalmente se definieron como espacios principales Chile, Brasil, República Dominicana, Venezuela, Colombia, Bolivia y México. Al menos en el caso colombiano, la participación activa dentro del programa no significó una pérdida de autonomía y completo sometimiento a las directrices asentadas en la Carta de Punta del Este, pues la administración de los recursos se llevó a cabo de lamano de la iniciativa privada nacional, que imprimió en el proyecto sus intereses.
Marco Palacios y Frank Safford sostienen que el Frente Nacional -cuyo primer mandatario fue Alberto Lleras Camargo, firmante de la Carta de Punta del Este- fue consecuencia de un pacto entre las facciones mayoritarias de los partidos liberal y conservador, que había resultado de la oposición conjunta a la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla en 1956. A partir de 1958, el frente pretendió establecer un proceso de pacificación del territorio que se extendió durante los dieciséis años de alternancia presidencial entre liberales y conservadores -un tipo de sistema bipartidista- que distribuyó por mitades los tres poderes públicos en todos los niveles territoriales. 30 Esta tendencia se extendió hasta mediados de la década de 1970 y se vio apuntalada por la Alianza para el Progreso. 31
Fruto de este pacto, se impulsaron acciones conjuntas para la modernización del país que, afianzadas en una política anticomunista hacia el interior, sirvieron para reforzar al electorado en el cumplimiento de la Constitución como estrategia de legitimización, junto con un progresivo desplazamiento del poder de la Iglesia y un creciente perfil público del sector empresarial. Por estas razones, la cercanía con los Estados Unidos se consideró una pieza central del régimen bipartidista. 32 Fue en estas condiciones que Lleras logró conciliar los intereses partidarios con la política enarbolada por el gobierno de Kennedy y, específicamente, con la iniciativa de Alianza para el Progreso. Resta decir que en la región sudamericana ningún gobierno se encontraba en un periodo de notable estabilidad política, por lo que para Kennedy resultaba una buena estrategia proyectarse propagandísticamente desde Colombia.
A la estrecha relación entre Estados Unidos y Colombia se sumó la trayectoria de Lleras, quien había ocupado anteriormente el cargo de secretario general de la oea, lo que facilitó su adhesión política a la propuesta de Kennedy. Además de ello, Lleras fue el primer mandatario latinoamericano que realizó el plan económico que había sido solicitado durante la reunión de Punta del Este y que era la condición para dar inicio a las contribuciones. Lo anterior refuerza la hipótesis de que, en buena medida, el plan fue moldeado de acuerdo con las necesidades políticas de cada Estado, 33 pues Colombia celebraría elecciones presidenciales en 1962. De manera que, al momento de la visita de los Kennedy a Colombia, Lleras había acumulado tanto reconocimiento internacional a través de la oea, como legitimidad a nivel nacional con el impulso del Frente Nacional. 34
De hecho, la experiencia de Alianza para el Progreso en Colombia favoreció la estabilidad y permanencia política del Frente Nacional, aunque no debido a una inyección de capital sustancial dirigida a la industrialización, sino a razón de una serie de empréstitos otorgados por el gobierno estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que sirvieron para mantener los gastos corrientes del gobierno, el cual atravesaba un descenso en ingresos como resultado de la caída de los precios internacionales del café. Con ello, Colombia se endeudó, aunque mantuvo estabilidad política, a lo que habría de sumar el respaldo que esto otorgó al avance de la pacificación del país frente a la conflictividad latente en el ámbito rural. 35
La presentación del “Plan General de Desarrollo Económico y Social” de Lleras asentó cinco prioridades: avanzar en la pacificación con la reinserción de los guerrilleros que depusieran las armas; atender el tema rural mediante una moderada Reforma Agraria y la consecuente creación del Instituto Colombiano de Reforma Agraria; la reorganización de la ley de impuesto sobre la renta; la ampliación de la vivienda popular; y el avance de la educación básica. 36 Todas estas medidas resultaban consecuentes con los principios signados en Punta del Este, y se convirtieron en la antesala para formalizar el vínculo con Alianza para el Progreso, trasluciendo su propia interpretación de lo que significaba la modernización en Colombia.
Interamericanismo e intermedialidad
Alianza para el Progreso inició en Colombia, solo cuatro meses después de la reunión de Punta del Este. De este modo, el país se convirtió en el segundo receptor del programa, después de Brasil y prácticamente a la par de Chile. 37 Entre 1961 y 1969, Colombia recibió 885 millones de dólares correspondientes al 12% del total de los recursos entregados por el programa en América Latina. 38 Este porcentaje corrobora que la ejecución del programa respondió más al ámbito político que al económico, pues partir de ese momento la nación andina se convirtió en una prioridad en el combate hemisférico frente a la conflictividad supuestamente asociada a la Guerra Fría.
Por lo tanto, la visita oficial de los Kennedy a América Latina tuvo el objetivo de asentar de forma personal la iniciativa de Alianza para el Progreso. Viajaron entre el 15 y el 18 de diciembre de 1961, destinando los primeros días a Puerto Rico y Venezuela, bajo los auspicios del gobernador Luis Muñoz Marín y el presidente Rómulo Betancourt; con lo que quedaron los últimos días, 17 y 18, para visitar Colombia, siendo recibidos por el mandatario Lleras. El itinerario de la visita consistió en una ceremonia de recibimiento en el Aeropuerto Internacional El Dorado, la inauguración de la urbanización de Ciudad Techo, un desfile por la Avenida de las Américas, una misa, un almuerzo, la recepción oficial y una en el Palacio de San Carlos. En este apretado programa se destinó tiempo para una conferencia privada entre Kennedy y Lleras, mientras que Berta Puga -esposa de Lleras- condujo a Jacqueline y a otras mujeres de la comitiva estadounidense a una visita al Museo del Oro del Banco de la República y el Hospital Infantil. 39
Este vínculo tiene su propio contexto, pues año y medio atrás, en 1960, Lleras había visitado al entonces presidente de los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, en Washington, con el objetivo de cultivar una agenda en materia de asistencia económica para el desarrollo, además de estrategias militares capaces de contener al comunismo. 40 Esto hace sentido con las palabras de recibimiento que expresó Lleras hacia Kennedy en el Aeropuerto Internacional El Dorado:
El pueblo y el Gobierno de Colombia dan a usted la cordial bienvenida que corresponde al presidente de una nación amiga de la nuestra.
La admiración y el afecto de los colombianos se dirigen muy principal pero no exclusivamente a lo que usted representa: una nación que a través de la historia se ha caracterizado, como ninguna otra, por su voluntad de servicio al resto de la humanidad, que se presta con largueza en los más remotos rincones de la Tierra. Una nación ligada a Colombia por vínculos jurídicos y políticos que establecen un régimen de convivencia, dentro del sistema interamericano, radicalmente distinto al que prevaleció siempre entre Estados grandes, poblados, ricos y poderosos, y Estados pequeños, menos desarrollados, con una legítima ambición de autonomía y progreso. 41
Una somera descripción del acto de recibimiento señala que Lleras contó con el acompañamiento del cardenal arzobispo de Bogotá y jefe de la Iglesia colombiana, Luis Concha Córdoba; el arzobispo auxiliar de la diócesis, monseñor Emilio de Brigard Ortiz; el embajador de los Estados Unidos, Fulton Freeman; el ministro de Relaciones Exteriores, José Joaquín Caicedo Castilla; y el alcalde mayor de Bogotá, Jorge Gaitán Cortés, junto con el jefe del ceremonial diplomático, Hernando Manrique Álvarez. 42 Por parte de la comitiva de Kennedy se sumó Chester Bowles, su secretario adjunto para los Asuntos Latinoamericanos y figura clave en su política internacional. Para enaltecer el acto también se contó con la guardia de un grupo de cadetes militares que, de principio a fin, escoltaron a los asistentes (véanse imágenes 1 y 2).
El tono del discurso de Lleras y los integrantes de aquel acto público revelan un cuidado interés por hacer del evento uno trascendente. Se destinaron importantes recursos a la creación de un registro audiovisual que permitiera propagandear el ejemplar convenio entre Estados Unidos y Colombia en el marco de Alianza para el Progreso. En las siguientes páginas se desarrolla un inicial análisis intermedial entre los discursos pronunciados por Kennedy, fotografías de aquellos momentos y un video elaborado a posteriori para aumentar la visibilidad de la gira. La intermedialidad es un término que refiere a la interrelación entre distintos medios cuya confluencia permite potenciar determinado mensaje, 43 en este caso, el asociado a la vision estadounidense de Alianza para el Progreso, que consistió en elaborar una estrategia anticomunista sobre la base de un consenso capaz de incorporar a diversos sectores de la sociedad.
Con una duración de 16 minutos, el video Forging the Alliance-President Kennedy visits Venezuela and Colombia presenta una narrativa que sentencia que la paz de la posguerra sólo se mantendría como resultado de un nuevo tipo de desarrollo colaborativo que tendría como principal interés combatir la pobreza y llevar al resto del continente las bondades del modo de vida americano, siguiendo dinámica interamericana. El video abre con el siguiente fragmento:
Desde el Cabo de Hornos hasta el Círculo Polar Ártico, los mares del hemisferio Occidental no conocen fronteras nacionales. Lo mismo ocurre con las aspiraciones de los americanos. Las esperanzas se desbordan como mareas por encima de las fronteras, porque en todas partes existe la misma sed de libertad frente a la dictadura, frente a las ataduras de la injusticia económica y social. 44
La voz narrativa prefigura una estrategia transnacional para el avance de Alianza para el Progreso, siguiendo el eje de la libertad como un valor democrático. En la justificación de la presencia extranjera, el video proyecta la imagen de América Latina como un mundo estancado en una dinámica eminentemente agraria. Así, aunque se insertan encuadres de ciudades capitales -Caracas y Bogotá- se enfatiza la necesidad de la modernización para combatir los “males” del medio rural y campesino, por ser considerados los espacios y agentes idóneos para los brotes insurreccionales. Se trazó, de este modo, una narrativa que contrapuso a la modernización con la ruralidad y la tradición. En efecto, la cinta insiste en que los venezolanos y colombianos estaban en condiciones de recibir estas bondades, ya que moralmente están preparados gracias a las tradiciones familiares y a su vocación de trabajo. A este respecto, destaca el cierre del discurso en La Morita, Venezuela, a cargo de Jacqueline, quien se expresó en español:
Me han impresionado vuestros esfuerzos por mejorar las condiciones de vida de vuestro pueblo. Yo sé que no hay esposa, ni madre, ni padre, ni familia en este continente que pueda conformarse hasta que los habitantes de todos nuestros pueblos tengan oportunidades de trabajo bien remunerado, puedan vivir decentemente y recibir enseñanza. Estas cosas deberían estar al alcance de todos y no limitarse a unos pocos afortunados. 45
Además del énfasis puesto en el trabajo como uno de los principios de una sociedad en transición, los discursos de Kennedy subrayaron el planteamiento de la libertad, que si bien resulta concordante con el discurso anticomunista -que asimiló como antidemocrático todo régimen socialista o comunista- en Colombia, al igual que en otras repúblicas latinoamericanas, apela al recuerdo de un ideal de integración y defensa de la libertad e independencia planteado por Simón Bolívar, el Libertador de América. De hecho, las alusiones a Bolívar se encuentran presentes en los tres discursos que dictó Kennedy a su paso por Colombia, que sirvieron para marcar un puente histórico con el pasado y presente de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Colombia.
Con esta estrategia, Kennedy decidió presentar el proyecto de Alianza para el Progreso como una iniciativa anclada en los principios de la integración continental. Una perspectiva desde la cual el sistema interamericano era una consecuencia de los planes iniciados por Bolívar. Durante el discurso pronunciado a su llegada al aeropuerto, Kennedy se remitió a los antecedentes decimonónicos de la relación entre ambas naciones, rememorando cuando James Monroe, a través del entonces secretario de Estado, John Quincy Adams, le otorgó el reconocimiento diplomático a Manuel Torres, enviado del gobierno colombiano. Un hecho especialmente significativo por ser el primer emisario de alguna república latinoamericana en obtener este reconocimiento.
Además, Kennedy agregó que el gobierno estadounidense mantuvo diálogo con Bolívar, quien promovió que los Estados Unidos reconocieran la independencia de las jóvenes repúblicas americanas. Un acercamiento al que dio continuidad Francisco de Paula Santander, quien, como presidente de Colombia, invitó a los Estados Unidos a participar del Congreso de Panamá, la primera iniciativa formal por crear un proyecto de unidad latinoamericana. No obstante, Kennedy convenientemente pasó por alto que Estados Unidos, al igual que Inglaterra, fue invitado al Congreso de Panamá solamente en calidad de observadores, pues en el ideario político de Bolívar no era posible establecer lazos de hermandad con los Estados Unidos, debido a que sus deseos eran profundamente incompatibles con los de la naciente América Latina. Kennedy puntualizó estos y otros episodios de la relación bilateral:
Las relaciones que han existido entre los Estados Unidos y Colombia se remontan a los primeros días de ambas naciones, y es una fuente de orgullo para mí, y estoy seguro que es para ustedes, que este país fue el primero de todos de los países de América Latina que rompieron relaciones con el Eje a principios de la Segunda Guerra Mundial y fue el único país durante los días difíciles y oscuros de la Guerra de Corea que enviaron un destacamento a combatir con gran distinción.
[...] Hoy estamos ante otro momento decisivo en la historia de nuestro hemisferio y Colombia y los Estados Unidos están de nueva cuenta unidos en la protección conjunta de nuestra civilización. El liderazgo progresista y democrático de su presidente -un liderazgo que hace del bienestar de la gente la primera preocupación del gobierno- está en el corazón de Alianza para el Progreso. Es la garantía más fuerte para el futuro de la libertad en este hemisferio. 46
Lo que este discurso apuntó se refuerza en el video que, tomando como escenario a Venezuela, integra tomas de estatuas del Libertador, además de imágenes de la visita de Kennedy a la tumba de Bolívar donde le ofrendó una corona de flores. Esta estrategia narrativa procuró mantener su equivalencia en la capital colombiana con una toma de la Plaza de Bolívar hacia el cierre del video.
La reiteración sobre el tema de la libertad tuvo espacio en el discurso proclamado durante la visita a Ciudad Techo, años más tarde rebautizada como Ciudad Kennedy. En aquel entonces se trataba de un paraje en las afueras de Bogotá, donde estuvo el primer aeropuerto y donde también operó un hipódromo. En el acto inaugural, Kennedy sostuvo:
Alianza para el Progreso es vasta en alcance y concepto. Esto involucra grandes sumas de dinero. Está camuflada en importantes frases, si bien abstractas, sobre la dignidad, el progreso humano y la capacidad creativa de los hombres libres. Aquí -en este campo- vemos el significado de estas frases. Aquí los trabajadores que reciben de 30$ a 40$ dólares al mes ayudan a construir sus propias viviendas -asistidos por los fondos combinados del gobierno colombiano, el Banco Interamericano y la Agencia de Desarrollo Internacional de los Estados Unidos. Para ellos, y para nosotros, Alianza para el Progreso representa la posibilidad de proveer una vivienda decente y educación para sus familias, representa la tangible realización de su esperanza por una vida mejor.
[...] El campo de Techo no solo es otro sitio sobre las circunstancias y las fuerzas que niegan la dignidad del hombre. 47
Una de las fotografías que capturó el momento resulta reveladora de la visión contenida en el discurso (véase imagen 3). En ella, el presidente estadounidense y su esposa contemplan un pilar construido con ladrillos que bien puede sintetizar la modernidad a la que se aspiró en Ciudad Techo. Extrapolando, Alianza para el Progreso buscó ser ese pilar a partir de conformar un nuevo entendimiento sobre el desarrollo que se organizó sobre la base de solventar las demandas de una sociedad empobrecida y necesitada. Así, el ladrillo expresó tanto la visión modernizante como el campo de batalla que significó la instrumentalización de estos programas más allá de sus fines inmediatos y visibles. Las palabras de Kennedy parecen confirmar que más que resolver el problema de la vivienda en Colombia o en Ciudad Techo, de lo que se trataba era de ofrecer una sólida alternativa frente a cualquier opción rupturista o revolucionaria hacia donde pudiera canalizarse el descontento. La libertad a la que alude Kennedy en sus intervenciones no es una en abstracto -menos en aquellos días, con la sabida posición socialista de Cuba-, sino una situada en un contexto de conflagración mundial. El campo de batalla consistía en la derrota de la pobreza rural y el avance de la urbanización con sus consabidas normas. Al respecto, detalló:
[...] Todos nosotros creemos en la libertad. La gran lucha en la última década en este hemisferio ha sido la lucha contra la tiranía y la dictadura en países que han sido parte de nuestras repúblicas hermanas. La gran lucha en los próximos diez años, ahora que hemos visto establecerse todo un nuevo sistema de democracias progresistas, será hacer posible que la gente viva bajo un sistema de libertad. Aquellos de nosotros que amamos la libertad nos damos cuenta de que un hombre no es realmente libre si no tiene un techo sobre su cabeza, o si no puede educar a sus hijos, o si no puede encontrar trabajo, o si no puede encontrar seguridad en su vejez. 48
Entre el registro fotográfico de la ceremonia, sobresale la imagen de dos niños que en compañía de su perro formaron parte del contingente que recibió a los Kennedy (véase imagen 4). Los fragmentos del discurso del mandatario no puntualizan el papel de las nuevas generaciones más allá de referir a los infantes como los depositarios de los cuidados y preocupaciones de los padres, sin embargo, el montaje de la carreta que integran los niños y su mascota remite a un emplazamiento de las identidades forjadas en el paradigma aliancista. Muy seguramente fueron los padres quienes alistaron el cartel y la carreta, con lo cual lanzaron un mensaje sobre el porvenir de la modernización que, simbólicamente, ocupó un lugar especial alejado del tumulto alrededor de la valla.
A este nuevo lenguaje también remite una nota del diario liberal El Tiempo, recopilada por la Agencia de Información de los Estados Unidos con motivo de la visita de los Kennedy a Colombia, en la que se indicó con relación a Alianza para el Progreso que “hay que saludar en primer lugar... la altura de ideas y la sinceridad de su propósito y, algo nuevo en el lenguaje al que nos tiene acostumbrados la declaración norteamericana: una clara comprensión de la naturaleza y alcance de los problemas latinoamericanos”. 49 Sin desconocer que existiesen posiciones críticas a la visita de los Kennedy, la investigación de Luis Eduardo Fajardo ofrece más datos que permiten constatar que hubo un manejo muy favorable de parte de la prensa local que exaltó la emoción proamericana. 50
Es sintomático del marco contextual de la Guerra Fría durante la visita a Bogotá, que numerosos carteles repartidos por las calles principales que guiaron la caravana, desde el aeropuerto a Ciudad Techo y hacia el centro de la ciudad, presentaran afiches con la imagen sonriente de la pareja estadounidense, junto a otro con una bomba nuclear y una leyenda anticomunista (véanse imágenes 5 y 6). Toda vez que el proyecto de Kennedy vinculaba el progreso material con una perspectiva de combate al enemigo externo, la narrativa podía recurrir a algo tan extremo como la imagen de la destructiva bomba nuclear. Así, al discurso de la integración interamericana -presentada como la manera de mejorar económica, social y políticamente sin sacrificar las libertades- se superpuso un lenguaje y simbolismo bélico sintetizado en la cara de Nikita Jrushov, el líder soviético. Muy a pesar de que quienes lanzaron la bomba en el cierre de la Segunda Guerra Mundial fueron los militares estadounidenses en Japón.
Por último, durante el discurso del Palacio de San Carlos, Kennedy evocó, una vez más, el trayecto del vínculo entre Estados Unidos y Colombia. Sin embargo, tuvo que rodear su narración recordando la presidencia progresista del demócrata Roosevelt. Este acto no fue anodino, pues es uno de los presidentes a los que se ha reconocido una mayor apertura para dirimir de formas negociadas los conflictos entre América Latina y el vecino del Norte. Textualmente, señaló:
En 1934, uno de mis más grandes predecesores, el presidente Franklin Roosevelt, fue el primer Presidente de los Estados Unidos en visitar este país. Llegó en busca de una nueva política -la política de Buena Vecindad-. Esta política -basada en las ideas de Bolívar, San Martín y Santander- reconoció los intereses comunes de los Estados Americanos y negó que cualquier nación en este hemisferio tuviera el derecho de imponer su voluntad a otra nación; así, pidió un gran esfuerzo cooperativo para fortalecer el espíritu de la libertad humana en las Américas. Estoy aquí hoy, el segundo Presidente de Estados Unidos en visitar Colombia, en ese mismo espíritu. 51
La ocasión también sirvió para remarcar una vez más el contenido anticomunista de Alianza para el Progreso, aludiendo abiertamente a los considerados adversarios políticos del hemisferio occidental. Kennedy indicó:
Prometen el progreso económico y aumentar el bienestar humano. Pero han sido incapaces de cumplir con estas promesas y su fracaso está grabado en el dramático contraste entre una Europa Occidental libre, poderosa y próspera, frente a la pobreza sombría y triste de la Europa Oriental comunista, o el hambre de China, o el muro que separa Berlín Occidental de Berlín Oriental. El hecho es que la pared y los escuadrones de rifles de los últimos doce meses nos han vuelto a mostrar -como si necesitáramos que fuera mostrado- que cuando estas doctrinas han tenido que enfrentarse a la voluntad unida de los hombres libres, han sido derrotadas. 52
La estrategia discursiva de Kennedy era referencial. Esto quiere decir que pretendía contrastar el sentido común dominante sobre las sociedades socialistas, evitando referir a la propia situación colombiana. La última serie de vistas del video muestra la imagen idealizada de los receptores de este programa. La mayoría de ellos se encuentra en el medio rural, aun sí hay algunos signos que dan muestra de que no todos se dedican a la actividad agropecuaria. Se les retrata felices y el acercamiento hacia sus rostros pretende generar empatía y cercanía con los espectadores, que -recuérdese- no eran colombianos sino estadounidenses. Se trata, en suma, de una serie que condensa los estereotipos que creó Alianza para el Progreso para justificar los proyectos de modernización, incorporando en su particularidad a campesinos, una madre de familia, una mujer joven, un técnico y un burócrata (véanse imágenes 7, 8, 9, 10 y 11).
Reflexiones finales
En el largo curso de los vínculos entre América Latina y los Estados Unidos, Alianza para el Progreso se presentó como un momento para la reinvención de relaciones previamente atravesadas por conflictos de todo tipo. Las formas discursivas y gráficas convocadas en este esfuerzo atendieron al supuesto de incorporar a sectores tradicionalmente excluidos de la mirada geopolítica, pues, junto a presidentes y ministros, los conjuntos populares aparecieron como los depositarios de las promesas de la modernización. El mensaje intermedial generado con motivo de la visita de Kennedy a Bogotá sintetizó la propia aspiración de Alianza parael Progreso, ceñida a la idea de que, en la colaboración para enfrentar al comunismo, había que ampliar el campo de batalla hacia un desarrollo más inclusivo.
Esta propaganda buscó resaltar una narrativa en la que la iniciativa no pareciera al público latinoamericano como un programa exógeno y de imposición, sino como uno con bases en su historia; al mismo tiempo se procuró mostrar a la audiencia estadounidense que la empresa era necesaria ante un contexto marcadamente rural y de carestía. El video, por ejemplo, promueve la imagen de un mundo estereotipado en el que la pobreza se asocia con profundos valores familiares -como el apego entre los padres y los hijos- y con una vocación de trabajo innata, que actuaban como precondiciones para la participación de Estados Unidos en Colombia. Además de detonar un impulso al modo de vida americano con base en la familia nuclear, siendo éste una pretendida barrera que impediría el anclaje del comunismo en la región. Se aspiraba, entonces, a construir un entorno en que las formas de socialización y consumo pesaran más que una ideología contenciosa.
Al seguir el discurso intermedial de Alianza para el Progreso, en tanto estrategia de legitimación interna y externa, se revela que éste no fue un proyecto unilateral frente al que los gobiernos latinoamericanos se posicionaron pasivamente, toda vez que, de acuerdo con sus circunstancias, moldearon las pautas generales a su agenda particular y, de hecho, en casos como el de Colombia, esta condición permitió su continuidad más allá de la administración de Kennedy. De manera que, en la práctica, la iniciativa no logró funcionar como un programa de integración regional, pues terminó operando como una plataforma para impulsar relaciones bilaterales, como lo confirma la experiencia colombiana.