Oficio. Revista de Historia e Interdisciplina llega con éste a su número 20. Se trata de un alcance muy modesto para una publicación semestral, pero se ha presentado como ocasión propicia para promover una reflexión colectiva sobre el papel que juegan las revistas científicas en los ámbitos académico y social, para proponer una suerte de balance en varios registros sobre experiencias de trabajo y contribuciones a la producción de conocimiento. No es, por supuesto, la primera vez que se realiza esta clase de ejercicios en nuestro medio. Lo han hecho desde perspectivas específicas varias de las revistas de mayor tradición en México. La revista Historia Mexicana lo hizo con alcances de mucha profundidad, con motivo de sus cincuenta años y sus primeros 200 números. Resulta muy provechoso volver a esos textos y mirarlos desde la situación actual, pero también se hacía necesaria una actualización con nuevas voces y en condiciones que son en muchos aspectos diferentes.La revisión plural parece de nuevo oportuna cuando prácticamente todas las publicaciones académicas se rigen bajo una gestión electrónica, y en momentos en que se desplazan por una serie de “mutaciones” que en la edición científica han ocurrido en el transcurso apenas de dos décadas, y que no dejan de plantear viejos y nuevos problemas.

Bajo esos supuestos, convocamos a exdirectores/as o directores/as, editores/as, colaboradores/as o lectores/as de revistas científicas en el ámbito de la historia y las ciencias sociales, a ensayar respuestas, en retrospectiva o sobre el momento presente, de una o varias revistas, a partir de preguntas compartidas. Planteamos el interés por pensar el lugar de la historia y las ciencias sociales desde un mirador particular, las publicaciones periódicas, que representan uno de los medios por excelencia de trasmisión y discusión de los resultados de investigación.

Una parte de las preguntas que lanzamos a los participantes fueron: ¿cuál ha sido o es el proyecto editorial de la publicación en la que participa o ha participado?, ¿cuál ha sido la agenda, las ideas rectoras de su trabajo?, ¿cuáles son los temas o las líneas teóricas que promovieron determinados equipos editoriales?, ¿cómo ha sido la cobertura espacio-temporal de los casos abordados en los artículos publicados?, ¿qué alcances tuvieron, qué papel jugaron o siguen jugando en la formación de estudiantes y nuevos profesionistas?, ¿de qué manera ha contribuido, o sigue contribuyendo, su revista como medio de socialización de problemas de investigación?, ¿en qué medida son sus páginas un medidor de preocupaciones académicas más generales? y ¿cuál es o puede ser el papel de las revistas académicas en la discusión de los problemas contemporáneos?

Otras cuestiones se dirigieron a aspectos, por obvios o de difícil solución que parezcan, a los que la comunidad científica se enfrenta todos los días y que conviene mantener en constante reflexión. Así, por ejemplo, nos preguntamos: ¿en qué medida los contenidos de las revistas científicas pueden considerarse productos de investigación original, frente a los casos de autoplagio, publicación reiterativa y resultados muy preliminares que se producen en escenarios de creciente presión sobre los investigadores para que publiquen más?, ¿cuál es el lugar para las reseñas y otros géneros que parecen tener menos cabida en publicaciones digitales?

A riesgo de ser injustos, la convocatoria no alcanzó en esta ocasión a la totalidad de revistas de historia y ciencias sociales en México, y tampoco fue posible que todos los convocados pudieran participar con un texto. Los que fueron recibidos siguieron los mismos procesos de evaluación previstos en esta revista, y con ellos se conformó un expediente, incluido en la sección “Miscelánea” e integrado por nueve artículos. Cada reflexión tiene sus propias modulaciones, pero los autores y las autoras han tenido a la vista las preguntas comunes, y entre ellas una cuestión central: ¿revistas académicas para qué, en contextos y acuerdos cambiantes en las comunidades científicas, y en momentos en que las ciencias sociales, las ciencias todas y el mundo no dejan de transformarse?

En el primero artículo, Gerardo Martínez Delgado dibuja algunos de los perfiles de las re vistas de historia en México desde una perspectiva de largo plazo, cruzando sus trayectorias con varios periodos que otros autores han identificado en la ruta de grandes cambios ocurridos en las co munidades científicas desde la década de 1970. A ellas añade una serie de elementos, entre los que destaca la revolución digital que hemos vivido en los últimos veinte años, cuyos impactos se nos pre sentan con diferentes expresiones todos los días, haciendo imprescindible generar espacios como el de este expediente para la discusión colectiva.

Jesús Iván Mora Muro presenta un estudio de las primeras revistas “propiamente historiográ ficas en México”, publicadas entre 1927 y 1951. En su análisis aparecen la Revista Mexicana de Estudios Históricos, fundada en 1927, los Anales del Institu to de Investigaciones Estéticas (1937), la Revista de Historia de América (a partir de 1938) y otras. El común denominador que reconoce en ellas es el diálogo franco que propiciaban entre historia dores, arqueólogos, antropólogos, etnólogos y lin güistas. Según este autor, la aparición de Historia Mexicana a la mitad del siglo señaló la consolida ción de un proceso que se venía desarrollando, el de la especialización de los saberes y la división más marcada de las disciplinas.

El tercer artículo es el que firman Silvestre Vi llegas Revueltas, María Isabel Martínez Ramírez y Lorena Piloni, del equipo editorial de Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México, pu blicada desde 1965 en el Instituto de Investigacio nes Históricas (IIH) de la UNAM. Se trata de una de las primeras revistas en el sentido “especializante”, pero en perspectiva se aprecia que en su primera etapa era “poco profesional” y tuvo que sortear difi cultades durante mucho tiempo. Dado su título y su concepción original como una publicación del IIH, una de sus transformaciones en los últimos años se encaminó a la renovación de su perfil editorial, a la apertura de temas y espacios más allá de México.

El texto sobre Relaciones. Estudios de Histo ria y Sociedad, de El Colegio de Michoacán, está a cargo de Thomas Calvo (director entre 2012 y 2016) y Paulina Machuca (directora desde 2022). El de historias, de la Dirección de Estudios Histó ricos del INAH, fue escrito por su actual directora, Rebeca Monroy Nasr y por dos integrantes de su equipo, Ramón Velázquez Guzmán y Omar Issac Dávila. Con trayectorias de más de cuarenta años, ambas publicaciones resultan representativas de una etapa de revistas académicas de historia en el país, de un momento de impulso institucional y de un contexto en el que se hacía necesario contar con espacios para dar a conocer los resultados de investigación de centros académicos en proceso de consolidación. En el artículo sobre Relaciones, Calvo y Machuca recuperan las ideas centrales de un proyecto editorial que nació en El Colegio de Michoacán, es decir fuera de la Ciudad de México. Como centro público pluridisciplinario, “la revista debía reflejar esa característica esencial, aunque podemos reconocer que desde su origen ha exis tido cierto apego a la historia”. Como en este, en el texto sobre historias se hace un recuento deta llado de su trayectoria y se ensayan respuestas a la pregunta de revistas académicas para qué. Aquí se destaca el carácter innovador que tuvo historias en su momento, por ejemplo con la frescura de sus secciones, y el reto que representa mantenerse frente a las continuas y cambiantes exigencias.

Fabián Herrera León reunió en su artículo una serie de reflexiones sobre los “tránsitos electró nicos”, las nuevas reglas y los modelos tradicionales en la edición de revistas académicas, a partir de su experiencia en la dirección de tres publicaciones: Tzintzun, el Boletín del Archivo General de la Nación y Dicere. Los casos remiten a tres momentos distintos de proyectos editoriales, de historias institucionales y de contextos, pero sirven al autor para desarrollar un recuento personal y un conjunto de considera ciones que son útiles para la discusión.

Sobre Historia y Grafía escriben Ricardo Nava y Paola Ortelli. El proyecto editorial, que arrancó en 1993, definió “como eje prioritario, aunque no exclusivo, la necesidad de una revista que realizara una reflexión teórica e historiográfica sobre las formas de escritura de la historia”. Como en otros casos, aquí se subraya la vocación de sus páginas como “espacios colectivos de debate y dis cusión de problemáticas del presente y del pasa do”, en particular sobre los usos de la memoria y del saber histórico que deben ser vistos como re ferentes de grandes preocupaciones del presente.

Andamios. Revista de Investigación Social es publicada por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México. No fue concebida como una revista para la universidad, dice en el artículo correspondiente su actual directora, Leticia Romero Chumacero, sino como una revista “de la universidad”. Su marca de origen, una universidad “excepcionalmente joven”, un grupo plural y riguroso de investigadores, generó “un espacio de debate intelectual” que tien de puentes entre diversas ciencias sociales.

Trashumante. Revista americana de historia social fue lanzada en 2013, es decir, es una publi cación joven que se distingue, entre otros, por dos rasgos principales entre las revistas que aquí se analizan. Uno, su definición no desde una dis ciplina como tal, sino desde una “matriz” o énfasis temático en la historia social, desde el que busca estrechar relaciones “con otras ciencias sociales y humanas”. Otro, que su doble acta de nacimiento, como publicación de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Cuajimalpa, y la Univer sidad de Antioquia, en Medellín, le ha obligado a superar los marcos nacionales que en décadas pre vias definían los proyectos editoriales. En su artí culo, Mario Barbosa Cruz destaca, por ejemplo, la práctica de evaluar cada artículo por especialistas de dos países diferentes, lo que ha promovido, en tre otras cosas, “el diálogo entre distintas tradicio nes y comunidades académicas nacionales”.

El ejercicio promovido en este expediente se ha propuesto como un eslabón para mantener ac tiva la reflexión sobre la situación actual y los retos y preguntas cambiantes de la producción científica y, en particular, sobre las revistas de historia y ciencias sociales. Se trata, hay que insistir, de una tarea conti nua, entre cuyos pendientes está ampliar el análisis a escalas mayores, estableciendo diálogos con otras áreas del conocimiento, con otras comunidades de discusión, con otras academias.