Introducción
Entre el de 20 de junio y el 4 de julio de 1973 tuvo lugar en el Centro Médico de la Ciudad de México la reunión anual de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAC), en ese entonces la organización profesional científica más grande del mundo.1 Fue la primera ocasión en que la institución organizó este evento fuera de los Estados Unidos y en coordinación con otra organización: el recién creado Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), por lo que el encuentro fue renombrado como Reunión Continental de la Ciencia y el Hombre en las Américas. A lo largo de dos semanas, científicos, académicos y representantes de instituciones oficiales y no gubernamentales participaron en decenas de mesas temáticas que giraron en torno a temas como recursos marítimos, control demográfico, contaminación e ingeniería sísmica, entre otros.2 La Reunión Continental, según sus organizadores, tuvo como objetivos “explorar la promesa y algunos de los problemas de los avances tecnológicos y el entendimiento científico en las vidas de los habitantes del continente americano”.3 El evento también fue promovido como la oportunidad de explorar la contribución de la ciencia y la tecnología a la resolución de los problemas que afectaban a las sociedades latinoamericanas. En el amplio conjunto de actores que hicieron parte del encuentro, hubo uno que jugó un rol vital en la dinamización de la discusión pública en torno a la Reunión Continental. Se trató de la agrupación Science for the People (SFTP),4 que se formó en los Estados Unidos a finales de la década de los años sesenta. En sus filas coincidieron biólogos, físicos, médicos y trabajadores sociales, entre otros, quienes participaron en los movimientos de la Nueva Izquierda, la oposición a la Guerra de Vietnam, y fueron influidos por las lecturas a las críticas hacia la ciencia bajo el capitalismo de autores ingleses y soviéticos.5 De esta manera, la SFTP se caracterizó por un rechazo a la instrumentalización del conocimiento científico con fines bélicos y de explotación económica y una crítica amplia al modelo politico y económico de los Estados Unidos en el marco de la Guerra Fría.
Además de una copiosa actividad de publicación, entre 1969 y 1989, años en los que se mantuvo activa la agrupación, también participó en diversos proyectos que buscaron, como su nombre indica, llevar la ciencia al pueblo. Por ejemplo, la sede de Boston contribuyó a la reforma de los planes de estudio de biología a nivel superior, realizó labores docentes voluntarias en zonas periféricas y marginalizadas y dieron atención médica a poblaciones vulnerables en solidaridad con las Panteras Negras y los Young Lords en varias partes del país.6 La SFTP inició sus actividades de protesta justamente en la reunión anual de la AAAC que tuvo lugar en Boston en 1969. Consideraban que la élite que manejaba la institución incluía personajes e intereses que, además de tener nexos con la industria armamentista y las agencias federales involucradas en el conflicto del sudeste asiático, promovían una idea de la ciencia funcional al orden capitalista y que, por lo tanto, servía a los intereses de la clase dominante: un entramado compuesto por empresarios, fundaciones filantrópicas y la élite gubernamental de los Estados Unidos.7 La SFTP abogaba por trascender los límites de este esquema de producción de conocimiento científico y tecnológico, enunciando con claridad las genealogías de poder que se invisibilizaban tras los discursos de apoliticidad y neutralidad de la ciencia mediante el trabajo de instituciones como la AAAC, a la cual identificaban la representante insignia de la ideología sobre la ciencia en un esquema capitalista.8 La protesta en Boston fue el inicio de un antagonismo que condensó los debates políticos y éticos de los profesionales agrupados en ambos espacios. Si bien, tanto la AAAC como la SFTP coincidían en promover la potencialidad transformadora de la ciencia y la tecnología, y anhelaban reorientar la actividad científica hacia dicha transformación, diferían tajantemente en numerosos aspectos. En el caso de la AAAC, desde la inmediata posguerra dio un giro sustancial a su misión. Durante sus primeros cien años de vida fue un foro que facilitó el contacto e intercambio de ideas y conocimiento científico especializado en aras de construir una comunidad nacional. Sin embargo, la creciente especialización de las disciplinas científicas, la formación de organizaciones profesionales que cumplían con objetivos similares, y la reconfiguración del rol político de los científicos y las científicas después de la Segunda Guerra Mundial condujeron a que se pensase como un espacio que debía de prestar atención a los aspectos sociales de la ciencia, así como afianzar la percepción positiva de ésta.9
Así, mientras la SFTP buscó el acercamiento de sujetos populares a la ciencia, la incorporación de una mirada social y política a su análisis, y la transformación de las relaciones de poder en el establishment científico, la AAAC optó por insistir en las experticias científicas como la vía al progreso de las sociedades liberales y a generar las justificaciones argumentativas que sustentaran esta visión.
Tras el anuncio de la sede de la reunión anual de la AAAC en la Ciudad de México, sus integrantes comenzaron a replantear cómo podían adaptar su crítica a este escenario. De esta manera, se adentraron en el análisis de cómo el entramado antes descrito se relacionaba con América Latina, lo cual los llevó a afirmar que la ciencia y la tecnología bajo la impronta de conducir al desarrollo habían sido instrumentales en una estrategia de explotación económica de la región. En el marco de la Reunión Continental adoptarían una estrategia de circulación de materiales impresos acompañada de apariciones públicas que pondría en entredicho la idea de la “promesa de la ciencia” expresada en el objetivo del evento.
Acercarse a este episodio desde una mirada transnacional, entendida como aquella enfocada en el rastreo de movimientos, flujos y circulaciones,10 implica considerar los numerosos entrecruzamientos posibilitados por la Reunión Continental. Este texto se centrará en cómo las tensiones entre la AAAC y la SFTP, generadas en un contexto local, se trasladaron mediante la circulación de ambos actores al escenario de la Reunión Continental. Como se verá, estas disputas sobre para qué y quiénes debían de orientar la actividad científica, así como sobre el significado de la noción de desarrollo se complejizaron por la presencia de actores como el CONACYT, los asistentes a la Reunión Continental y los observadores del evento.
La elección de la Ciudad de México como sede de la Reunión Continental, lejos de ser una decisión unilateral por parte de la AAAC, respondió también a las propias aspiraciones de la comunidad científica mexicana y al proceso de institucionalización de la actividad científica y tecnológica que inició desde finales de los años sesenta y desembocó en la creación del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT) en diciembre de 1971. La idea de que el incremento de la actividad científica y tecnológica podía conducir a la superación del subdesarrollo era una creencia arraigada y promovida en el plano local por múltiples actores, desde el presidente de la República hasta los investigadores dedicados a la ciencia y la tecnología.
Aunado a lo anterior, en un mundo en el que de manera creciente se pedía que las naciones contaran con instituciones y visiones programáticas dedicadas a formular planeaciones estratégicas para acceder a créditos y préstamos,11 desde México se buscó participar en estos debates e imprimir una orientación propia a la producción científica y tecnológica. A lo largo de la Reunión los participantes de México y América Latina expresaron críticas a colonialismo científico, a la dependencia tecnológica, la excesiva tecnificación de los problemas sociales y, en general, a las asimetrías de poder que condicionaban el acceso y la circulación de tecnologías y conocimientos y que, en ocasiones, tenían vasos vinculantes con las propuestas de la SFTP.
En ese sentido, el objetivo del texto es entender cómo la crítica de la SFTP fue reelaborada y redirigida en el marco de la Reunión Continental, cómo se concibió el rol que la AAAC podía y quería desempeñar en América Latina y la recepción que hubo de esto. En un primer momento se abordarán los orígenes de la Reunión Continental para entender por qué a la AAAC y al CONACYT les interesaba la organización del evento, después se detallará la estrategia disruptiva12 de la SFTP que se desplegó durante su estancia en la Ciudad de México y, por último, se abordará su recepción por medio de un acercamiento a cómo la prensa hizo eco de los postulados de la SFTP.
Los orígenes de la Reunión Continental de la Ciencia y el Hombre en las Américas
Meses antes de que la Reunión Continental diera inicio, la SFTP circuló un cuadernillo titulado AAAS in Mexico ¿Por Qué? Science and Technology in Latin America en el cual, como indica el título, buscaron explicar por qué la AAAC organizó su reunión anual en la Ciudad de México. El material fue distribuido en América Latina y los Estados Unidos, y fue la punta de lanza de la estrategia de irrupción del encuentro en la Ciudad de México. En este texto, la SFTP explicó cómo el conocimiento tecnocientífico, en tanto discurso y práctica, buscaba ser instrumentalizado para expandir el poderío económico y político de los Estados Unidos en América Latina y perpetuar la condición dependiente de los países latinoamericanos. Si bien más adelante se detallarán los ejes de la crítica articulada en el cuadernillo, es importante mencionar que, derivado de la circulación de este y otros materiales entre periodistas, estudiantes y asistentes de la Reunión, rodeaba al encuentro una serie de suspicacias sobre los intereses que mediante ésta se impulsaban.
Lo anterior se evidenció en una columna de opinión publicada en el diario Excélsior, donde se abordaron las acusaciones de la SFTP vertidas en AAAS in Mexico ¿Por Qué? La nota resaltaba las incongruencias entre el sentido que se le daba al encuentro por parte de las autoridades mexicanas y las trayectorias profesionales de los organizadores de la AAAC. Se reportaba que, en el discurso inaugural de la reunión, Luis Echeverría y el presidente del CONACYT, Gerardo Bueno Zirión, expresaron la necesidad de conducir la ciencia y la tecnología hacia el beneficio de los países subdesarrollados y no hacia su explotación. No obstante, según señaló la SFTP, los nexos que algunos de los participantes de la reunión tenían con el Pentágono y la industria militar parecían ir en contra de dicho entendido. La columna de opinión de Excélsior también cuestionaba en qué medida las temáticas que se discutirían en la Reunión Continental tendrían un beneficio real para la “liberación de los hombres y pueblos”13 y se comenzó a atraer la atención sobre uno de los ejes que resultaría más controversial a lo largo del encuentro: el control demográfico en los países latinoamericanos. Se planteó que la reunión buscaba promoverlo en tanto ideología, y para dar sustento a ello se mencionó que algunos de los participantes de las mesas temáticas estuvieron involucrados en la conducción de experimentos sobre anticonceptivos en Brasil y México.14
Las acusaciones de la SFTP llevaron a que quienes estuvieron vinculados con la organización de la reunión se pronunciaran sobre sus orígenes. Marcos Moshinsky, físico y director del Instituto Nacional de Energía Nuclear de México, arguyó que la decisión se tomó durante un encuentro en Boulder, Colorado, en el que participaron la AAAC, la Asociación Británica para el Avance de la Ciencia (ABAC) y científicos de Venezuela, Guyana, Suiza, la Unión Soviética, entre otros países. Moshinsky, presente en dicho encuentro, se opuso a la tesis sobre el control imperial de la región mediante la ciencia y la tecnología expresada por la SFTP, a la cual tildaba de “paranoia capitalista”, y consideró que distaba de la naturaleza del encuentro. Anticipó que habría una fuerte presencia de científicos latinoamericanos que participarían activamente en las polémicas y discusiones en torno a las temáticas de la reunión.15
Por su parte, el físico Leonard M. Rieser, presidente de la junta de la AAAC, mencionó también que la idea nació en Boulder, y atribuyó la decisión a un grupo de científicos mexicanos, además minimizó el rol de la AAAC en la organización del encuentro frente a aquel desempeñado por el CONACYT.16 Otra reacción vino del químico nuclear Glenn Seaborg, director de la AAAC, quien destacó que no se trataba de un evento oficial, sino que nacía de “los científicos norteamericanos, gente común y corriente, como usted y como yo, quienes queremos hacer llegar los beneficios de la ciencia de manera social e internacional al resto de la comunidad mundial”.17 La declaración de Seaborg resaltó en tanto era evidente que en el contexto local se trataba de un asunto oficial, pues el entonces presidente Luis Echeverría Álvarez había sido el coanfitrión del evento y, como se mencionó, fue quien dio el discurso inaugural. De esta manera, los científicos vinculados a la organización del evento se resistieron a las interpretaciones políticas realizadas por la SFTP y optaron por retratar el evento como un asunto meramente científico.
Vale la pena detenerse brevemente en las discusiones que se dieron durante la ya aludida reunión en Boulder, Colorado, entre la AAAC, la ABAC y científicos de varias nacionalidades.18 El encuentro duró dos semanas, durante las cuales se discutieron los escenarios a los que la ciencia se enfrentaría en el futuro y cómo las asociaciones profesionales debían de responder al respecto. Uno de los elementos que más resalta de las reflexiones que se dieron en este espacio fue el contraste de las percepciones sociales de la ciencia entre los países desarrollados y los subdesarrollados. En los países desarrollados existía la sensación de que el crecimiento exponencial en el campo de la ciencia y la tecnología experimentado en las décadas pasadas comenzaba a mostrar sus grietas. Se vislumbraba que alrededor de 1974 se agotaría el modelo de producción científica fuertemente financiado por el Estado que caracterizaba a Estados Unidos, pues para continuar su crecimiento al ritmo iniciado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial se requerirían incrementos anuales del 15% en el presupuesto para hacer frente a la inflación. Otro problema mencionado fue la erosión de la confianza pública en la ciencia, la cual se atribuía a los efectos de la circulación de tecnologías que no habían sido suficientemente investigadas y que tenían consecuencias negativas en la sociedad, pero también en la reputación de la tecnología y la ciencia. Asimismo, se mencionó cómo la vinculación entre los científicos y el aparato militar puso en entredicho el beneficio de la actividad científica.19
En general, entre los participantes se coincidió en que “se ha vuelto cada vez más claro para el público que la mera capacidad de manipular el mundo no implica en lo absoluto que esto tendrá algún beneficio para la humanidad”.20 Esta sensación de escepticismo se manifestaba de varias maneras, pero se retomó el caso del aumento de actividades “antirracionales” como la astrología, a la cual se dedicaban 10 000 personas en los Estados Unidos en contraposición a la astronomía que contaba con 2000 profesionales.21
Por el contrario, en los países subdesarrollados la ciencia y la tecnología aún despertaban un fuerte entusiasmo y se consideraba que el incremento de actividades en estos campos era la vía para cerrar las brechas que les separaban de los países desarrollados. Si bien también se admitió que existían sectores de la sociedad que se mostraban desinteresados, esta actitud distaba del abierto rechazo que ya se vislumbraba en Estados Unidos y Europa Occidental. Los participantes coincidieron que se esperaba que en el futuro cercano los países subdesarrollados participaran activamente en la producción de conocimiento científico, aunque aún de manera modesta. Países como China e India fueron mencionados específicamente. En ese escenario, los cambios en la distribución geográfica de la producción del conocimiento científico planteaban dudas sobre cómo se daría la comunicación y el intercambio y sobre las capacidades de almacenar y compartir información.22
Ante este escenario, se propuso que las asociaciones profesionales podían desempeñar un rol clave en la resolución de los problemas antes descritos. Éstas podrían ejercer un papel mediador entre los gobiernos, la sociedad y las comunidades de expertos al asistir en la formulación de los objetivos que las naciones se planteaban alcanzar, al alertar sobre posibles riesgos en los usos de tecnologías, y al participar en la construcción de las agendas de investigación de acuerdo con las necesidades sociales. Todo esto devendría en la posibilidad de producir conocimiento socialmente relevante. Sobre todo, coincidieron los asistentes a Boulder, era importante alejarse de aquellas actividades que pudieran tener efectos destructivos. Algunas líneas de acción propuestas fueron: incrementar el apoyo de los países desarrollados hacia los subdesarrollados, especialmente mediante la creación de instituciones que buscaban el progreso de la ciencia, a la manera de la AAAC, y promover el diálogo con los sectores encargados de formular las políticas públicas de ciencia y tecnología para alertar sobre posibles riesgos.23 Según la versión de Marcos Moshinsky sobre el evento, se consideró que las reuniones científicas internacionales podían “actuar como catalizadores para acelerar la comprensión y el uso de la ciencia y tecnología en los países en vías de desarrollo”, siempre y cuando se tuvieran en cuenta a las instituciones, las comunidades científicas y las necesidades de dichos países.24
Las reflexiones anteriores pueden situarse como parte de los reacomodos que se dieron con el fin de la Segunda Guerra Mundial, cuando los científicos y las científicas que participaron en iniciativas como el Proyecto Manhattan comenzaron acuestionar las consecuencias de las investigaciones que realizaban. En ocasiones renunciaron a participar en éstas, en otras se optó por difundir al público los efectos del uso de ciertos tipos de tecnologías para generar conciencia entre la población, un posicionamiento que tuvo cierto éxito al interior de la AAAC. En los Estados Unidos esto ocurrió de forma paralela a un incremento sostenido durante casi tres décadas del presupuesto destinado a la actividad científica, que comenzó a descender justamente en los últimos años de la década de los años sesenta.25
Por lo tanto, el fortalecimiento del prestigio social y político de los científicos, especialmente de los físicos y los ingenieros, vino aparejado de un mayor escrutinio en el cual participó la sociedad en su conjunto, el aparato gubernamental y los profesionales mismos. Dicho escrutinio, con el paso de las décadas también devino en la movilización y organización de agrupaciones como la SFTP.26 En otros casos, tomó una forma más institucionalizada, por ejemplo, desde 1954 la AAAC enfatizó en su misión institucional la dedicación a la reflexión sobre la relación entre ciencia y sociedad, por encima de la discusión sobre los aspectos técnicos de la ciencia.27 En años posteriores se crearon programas dedicados exclusivamente a este cometido, como el Programa de Responsabilidad Social de la Ciencia y el Comité para la Libertad y la Responsabilidad Científicas.
De acuerdo con lo anterior, se vuelve evidente por qué el CONACYT fue un interlocutor ideal para dar continuidad a las reflexiones surgidas en Boulder y en qué medida la elección de la Ciudad de México como sede de la reunión anual formó parte de una estrategia institucional de la AAAC. En ese sentido son reveladoras las palabras de Leonard M. Rieser a los medios mexicanos, donde expresó que la Asociación buscaba dotarse de una dimensión “verdaderamente americana”,28 es decir, promover un modelo de organización de profesionales científicos que empujara el rol de las experticias frente al ámbito social, así como una agenda de temáticas relevantes en un contexto de institucionalización de la actividad científica en México y América Latina. Si bien no es éste el tema del presente texto, vale la pena mencionar que una de las iniciativas que se concretó derivada de la Reunión Continental y que se formalizaría al año siguiente fue la fundación de Interciencia, una institución coordinadora de las asociaciones para el avance de la ciencia latinoamericana y estadounidense con sede en Caracas, Venezuela.
Ahora bien, desde la perspectiva del CONACYT, fundado a finales de 1970, la medida puede ser entendida como el deseo de avanzar en la consolidación institucional y el posicionamiento internacional. En la década de los años setenta en México, la actividad científica y tecnológica tuvo un Fuerte impulso. Por un lado, fueron numerosas las alusiones en el discurso oficial sobre la importancia de ambos campos en el desarrollo del país. Por otro lado, fue el momento en que tomó forma la política científica. Además de la creación del CONACYT, hubo un incremento del presupuesto destinado a la ciencia que, si bien nunca se equiparó a los porcentajes alcanzados en Estados Unidos o países de Europa Occidental, sí tuvo una diferencia sustancial con el pasado.29
Rosalba Casas y Carlos Ponce han propuesto que la definición de una política de ciencia y tecnología en el sexenio de Luis Echeverría estuvo enmarcada en una variedad de factores. Entre éstos, la demanda de perfiles profesionales con experticia capaz de participar en actividades industriales, así como en los procesos de industrialización. Si bien esto estuvo determinado, en cierta medida, por las necesidades de las empresas extranjeras asentadas en México, también respondió a las aspiraciones de reducir la importación de bienes de capital y contar con un contingente de expertos capaz de incidir en la producción de conocimiento científico y tecnológico y la adaptación de las tecnologías importadas.30 Otro elemento importante fue la creciente demanda de organismos internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional para que los países a quienes se les destinaran fondos contaran con esquemas de planificación en los que se detallara el uso que se le daría a los recursos. Agencias como la Organización de las Naciones Unidas (onu) también tuvieron un rol en la diseminación de los conocimientos para la formulación de planeación. En ese sentido, ésta era requisito indispensable para adentrarse en el sistema de relaciones que se constituyó como el “aparato de desarrollo”,31 compuesto por un conjunto de estrategias, ideas y posibilidades que moldearían la interacción entre agencias internacionales, gobiernos nacionales y comunidades expertas.32
Por último, está la presión ejercida desde el ámbito de los investigadores científicos, algunos formados en el extranjero, que consideraban importante la creación de un organismo de planificación a la manera en que se operaba en otros países y pedían un aumento en los espacios y presupuestos destinados a la ciencia.33 En torno a este último punto, se ha enfatizado el impacto de la represión desatada a lo largo de 1968 y, especialmente, durante la masacre del 2 de octubre en el antagonismo generado entre las clases medias con los gobiernos de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría. La creación del CONACYT y de instituciones académicas como la Universidad Autónoma Metropolitana también respondió a la intención de reestablecer relaciones con este sector, incluyendo a los intelectuales y científicos, después del 68.34
Durante los primeros años de su funcionamiento, el CONACYT operó mediante programas que atendían áreas consideradas como prioritarias, se carecía aún de una política comprehensiva, la cual se concretó en 1976 con la publicación del Plan Nacional Indicativo de Ciencia y Tecnología. Por ello, se puede considerar que para 1973 se atravesaba por un proceso de formulación de la política científica. Sin embargo, en los años anteriores se había trabajado en un conjunto de documentos que fueron imprimiendo cierta direccionalidad a la institución. Un ejemplo de esto fue Política Nacional y Programas en Ciencia y Tecnología publicado en 1970 por el Instituto Nacional de la Investigación Científica, donde se plasmó el diagnóstico de las actividades y los recursos científicos con los que se contaba en el país y se plantearon los lineamientos que habrían de guiar la política científica. La Política Nacional asentó la relevancia de la ciencia en el desarrollo del país, con relación al contexto global, se mencionó que la producción científica entre los países desarrollados y los subdesarrollados era desigual y podía explicar las brechas entre ambos, pero que aún con esto en consideración el énfasis debía estar en la adaptación e innovación por encima de la imitación.35 De acuerdo con lo anterior, para los representantes del CONACYT la Reunión Continental era una oportunidad de posicionarse frente a las dinámicas y los actores internacionales que influían en la circulación de experticias, recursos y discusiones sobre la ciencia y la tecnología.
La crítica de Science for the People
Como ya se mencionó, desde finales de 1972, la SFTP comenzó a contactar diversos grupos e individuos para alertar sobre los sentidos que la agrupación atribuía a la Reunión Continental. El principal vehículo de estos contactos fue el cuadernillo AAAS in Mexico ¿Por Qué? Science and Technology in Latin America. Sabemos que el material estuvo disponible en las sedes de Boston, Chicago y Minneapolis de la SFTP a un costo de 50 centavos de dólar y que la agrupación envío copias tanto a estudiantes latinoamericanos en Estados Unidos como a sus contactos en América Latina.36 Al menos desde abril de 1973, el material llegó a las manos de los editores de la revista argentina Ciencia Nueva, la cual también era vendida en Uruguay.37 En la edición de mayo de dicho año, publicaron un artículo del médico Daniel J. Goldstein titulado “AAA$: los dueños de la ciencia”, donde se reproducían algunos fragmentos del cuadernillo, los cuales eran enmarcados en una discusión sobre la AAAC como promotora de un modelo de investigación científica que iba aparejado de la implementación del capitalismo y de una ruta específica hacia el desarrollo y la modernidad.38
Los contenidos del cuadernillo también fueron del conocimiento de la propia AAAC. En mayo del 1973, William Bevan, director ejecutivo, envió a demás directivos el material antecedido de una nota que en tono sarcástico señalaba “no sabía que la AAAC había establecido la ciencia en todos lados” y se mofaba del tono acusador con que se señaló el rol desempeñado por la institución en el ámbito científico.39
Asimismo, sabemos que el planteamiento general y los contenidos de AAAS in Mexico ¿Por Qué? fueron discutidos en las páginas de la prensa mexicana y en al menos una publicación del movimiento estudiantil.40 Por último, encontramos indicios de la circulación del material en los archivos de la Dirección Federal de Seguridad, cuyos agentes reportaron que este y otros materiales fueron distribuidos en asambleas estudiantiles y reuniones de los comités de huelga en las facultades de Química, Ciencias Políticas y Arquitectura.41
De acuerdo con la visión de la SFTP, la AAAC, bajo el argumento de encauzar la ciencia hacia el desarrollo, planeaba una forma de intervención imperialista, cuyo objetivo era asegurar la explotación de los recursos de la región y el acceso a los mercados de la región. A partir de análisis de cinco temáticas -control poblacional, la Revolución Verde, el rol de las fundaciones filantrópicas, la contrainsurgencia y el imperialismo cultural en materia de educación científicase declaraba que este tipo de iniciativas buscaban el mantenimiento de las condiciones necesarias para asegurar el éxito de las inversiones y las ganancias del capital extranjero en América Latina. De esta manera, se alimentaba al aparato monopolístico conformado por fundaciones filantrópicas, corporaciones privadas transnacionales y el sector militar, que estaban al centro del financiamiento de la actividad científica y de sus agendas de investigación.42
Además de la dimensión económica, en términos ideológicos, a la AAAC le interesaba organizar el encuentro en la Ciudad de México para promover la fundamentación de una visión de la ciencia y la tecnología que fuera acorde con lo anterior y que tenía como elementos constitutivos los siguientes principios: el primero, que la ciencia es y debía mantenerse neutral con relación al ámbito político; el segundo, que la resolución de los problemas sociales que enfrentaba la humanidad sería el resultado previsible del progreso y el incremento de la actividad científica y tecnológica,43 idea que coincidía con las discusiones que tuvieron lugar en Boulder, Colorado, en 1969.
Por el contrario, la SFTP postulaba que ninguna intervención científica o técnica podía ser pensada fuera del contexto en que se hacía. De este modo diferenciaban entre el crecimiento económico y el desarrollo político y social. A lo largo del texto se desmenuzó la noción de desarrollo promovida desde el Norte y cómo mediante iniciativas, que iban desde la Alianza para el Progreso, pasando por el rol de los departamentos de Estudios Latinoamericanos en las universidades estadounidenses hasta el uso de mujeres latinoamericanas para la experimentación de anticonceptivos, se manifestaba la instrumentalización para aquello que llamaron misdevelopment: una desigual distribución de los recursos, la dependencia a ciertas tecnologías que generaban ganancias a las empresas estadounidenses y una especie de nuevo colonialismo en el marco del sistema capitalista.
La crítica anterior tenía diferencias sustanciales con el tono de la actividad de protesta organizada en los años anteriores en las reuniones anuales de la AAAC. Por ejemplo, durante la reunión en Washington, D. C., en 1972, la estrategia se centró en la denuncia de la dimensión racista de las políticas del gobierno estadounidense y de los discursos tecnocientíficos que les daban sustento. En las sesiones en que la SFTP se manifestó se cuestionó el uso de la tecnología como medio de vigilancia para luchar contra la violencia y la justificación de la superioridad de ciertas “razas” frente a otras. Además, se planearon manifestaciones públicas para protestar en contra de los últimos bombardeos en Vietnam del Norte, donde no sólo participaron los miembros de la SFTP sino científicos y científicas cercanas a la AAAC.44
En ese sentido, la crítica que se formuló en el marco de la Reunión Continental involucró cuestiones como el antiimperialismo, la asimetría en las relaciones Norte-Sur, las paradojas de la idea de desarrollo y una lectura precisa sobre cómo la élite científica y filantrópica observaba a América Latina. Es importante mencionar que, en aras de construir su argumentación, la SFTP tendió a recurrir a simplificaciones y visiones excesivamente dicotómicas sobre las dinámicas de la región. América Latina, a excepción de Cuba y sus habitantes, eran retratados como homogéneamente pobres, subdesarrollados y carentes de la posibilidad de generar conocimiento científico y tecnológico. Paradójicamente, al denunciar la voluntad de dominación de la región por parte de los Estados Unidos, se dibujó un panorama de control casi total, en el cual había poco espacio para la reinterpretación, la adaptación o la visibilización de los actores locales. Un ejemplo de esto se dio en torno a la opinión sobre los estudiantes latinoamericanos formados en Estados Unidos, de quienes se afirmó estaban imposibilitados de encontrar trabajo en sus países de origen una vez concluidos sus estudios, pues no encontraban las condiciones tecnológicas y científicas para aplicar los conocimientos adquiridos.45
Si bien el cuadernillo sintetizó la postura de la SFTP hacia la Reunión Continental, se realizaron otras acciones que buscaron reforzar el mensaje, como fue la organización de una “contrareunión”. Desde el inicio del evento se colocó una mesa al interior del Centro Médico Nacional para repartir material que incluía temáticas como una crítica a la sobreespecialización en la enseñanza de la ciencia, la conducción de experimentos con fines militares y de vigilancia en Puerto Rico, en coautoría con el Partido Socialista de dicho país, y otro acerca de la psicocirugía como medio de control social en coautoría con estudiantes de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (unam). Además se organizaron sesiones en una sala contigua que también tocaron temáticas variadas como “El Automóvil, vehículo del imperialismo cultural” o “Hacia una Ciencia Socialista” que ahondaba en las experiencias de visita en Cuba, Vietnam y China, con el objetivo de desnaturalizar las ideas sobre la ciencia capitalista.46 La SFTP también recorrió universidades y escuelas preparatorias. La existencia de Comités de Lucha fue clave para la organización de eventos públicos en donde se llegaron a reunir de 100 a 300 estudiantes.
En una reflexión posterior sobre el evento, la agrupación admitió que desconocían algunos aspectos del contexto mexicano. Sabían de las experiencias de las izquierdas cubanas y chilenas, pero ignoraban la efervescencia política que existía en país y, sobre todo, la situación de represión que atravesaba al estudiantado movilizado y a los movimientos armados. En su paso por diversas escuelas y facultades en la Ciudad de México, entraron en contacto con grupos estudiantiles familiarizados con la lucha de clases, con el apoyo a los movimientos obreros y conscientes de las dinámicas imperialistas, cuestiones que contrastaban con lo que observaban en los Estados Unidos. Admitían que la visita los había dejado con la sensación de ser “marxistas de kindergarden”,47 en el sentido de cómo asumían la politización en un contexto marcado por la represión. No obstante, señalaron que a sus interlocutores mexicanos les pareció novedosa la posibilidad de avanzar en la lucha social por medio de la práctica científica y la crítica a cómo eran asumidos los ethos profesionales de los científicos y las científicas.48
En términos generales, el movimiento transnacional no sólo llevó a la SFTP a la reformulación y ampliación de la crítica a la AAAC, sino también condujo a una visión más matizada de los países latinoamericanos, de sus tensiones internas y de las diversas maneras en las que concebía el rol de la ciencia en los procesos de cambio social. Asimismo, se evidenció que sus problemáticas no podían ser explicadas solamente a partir de los intereses de Estados Unidos en la región.
¿en qué devinieron las interacciones transnacionales?
Una primera dimensión en la cual se puede rastrear el efecto de la actividad transnacional de SFTP, estuvo en la ya mencionada suspicacia con la cual ciertos medios comunicaron que la Reunión Continental ocurriría en México. Entre ellos estuvo el Excélsior, pero también la revista Punto Crítico, una publicación ideada durante el encierro en Lecumberri de algunos de los participantes del movimiento de 1968,49 quienes consideraban que se trataba de una escalada en la colonización tecnológica del país.50 De esta forma se abrió la posibilidad de leer fuera de los discursos oficiales a la Reunión Continental.
Asimismo, en el contacto con grupos estudiantiles se generaron materiales como el ya mencionado panfleto realizado con miembros de la Facultad de Medicina de la unam. Otro ejemplo se observa en la imagen 1. Se trata de un poster atribuido al movimiento estudiantil en el que se reemplazó la identidad gráfica oficial generada para la Reunión Continental, por elementos que condensaban el sentido de la crítica elaborada por la SFTP.
En la imagen, América Latina es vista como el objetivo de ataque por parte de empresas como Ford, IBM o General Motors y por el FBI. El CONACYT es representado como un aliado de la CIA y la AAAC, y como promotor de asesinatos, cuestión que desbordaba las acusaciones de la SFTP, pero que puede ser entendido como la expresión del imaginario local en torno al papel de los Estados Unidos en la región latinoamericana.
Sin duda, la mayor resonancia de los postulados de la SFTP estuvo en la discusión en torno al tema del control demográfico en América Latina. Evidentemente se trató de una cuestión sobre la cual ya existía una considerable atención que fue la condición de posibilidad para la articulación de la crítica de la SFTP con el escenario local. En México se estaba dando el cambio de una política pronatalista a una de control de la natalidad, lo cual se reflejó en los cambios a la Ley General de Población, que sería aprobada en 1974, y la fundación
del Consejo Nacional de Población enel mismo año. A inicios de los años setenta, el ritmo anual de crecimiento de la población era de 3.5, y la prensa reportaba alarmada que cada hora nacían en México 300 infantes y 7 200 de un día a otro.51 A pocas semanas del inicio de la Reunión Continental, Echeverría declaró en una reunión en la que estuvieron presentes dirigentes de la industria privada y líderes obreros, así como representantes políticos, lo siguiente:
Debemos ya sentarnos en reuniones como esta, asesorados por los mejores técnicos y ante experiencias universales para ver cómo es posible con respecto a la dignidad de nuestra población y a nuestras libertades, lograr un descenso en el índice de crecimiento de la población.52
Algunos trabajos53 han insistido en los vasos vinculantes de la política nacional con una preocupación global sobre el tema que atribuía al crecimiento poblacional desmedido, especialmente en los países del Tercer Mundo, un futuro de carencia de alimentación y devastación de los recursos. Los Estados Unidos fungieron como un importante nodo de promoción de estas ideas, mediante los impulsos a la institucionalización de la demografía, a la planificación familiar, la participación activa en organismos multilaterales que establecieron los planes de control poblacional y el financiamiento público y privado de lo anterior.54 De acuerdo con ello, la implementación de medidas demográficas restrictivas se delineó también como un imperativo para el acceso al “aparato de desarrollo”55 que se venía configurando en las décadas anteriores. En la conferencia de prensa de clausura de la Reunión Continental, Harrison Brown, secretario de la Academia Nacional de las Ciencias en Estados Unidos, declaró:
Después de la Segunda Guerra Mundial me di cuenta de que trabajar con la energía atómica es una seria amenaza para la supervivencia de la civilización moderna, y que también existe una amenaza semejante en el desenlace que hay entre los países ricos y los países pobres y el rápido aumento de la población, el consumo de los recursos naturales y la disminución de las riquezas en que se funda la civilización humana aumentando el hambre, la desnutrición y la pobreza.56
Harrison proponía que en tanto el “cambio tecnológico”,57 en el sentido del incremento de la actividad tecnológica, diferenciaban a los países desarrollados y subdesarrollados, era imperativo que en América Latina se acelerara la actividad en este rubro para lograr la disminución de la población.
La mayor parte de la discusión sobre este tema se dio dentro de los encuentros del eje de Problemas de la Población, coordinado por Gustavo Cabrera del Centro de Estudios Económicos y Demográficos del Colegio de México, y Roger Revelle del Centro para los Estudios de la Población de Harvard. A lo largo de tres días se reflexionó en torno a lo que la AAAC y sus organizadores plantearon como “la urgencia de atender el crecimiento sin precedentes de la población en los países subdesarrollados, así como un aumento desenfrenado de la migración yel crecimiento de las ciudades”.58 Se aludió a que esto era una realidad que también existía en los Estados Unidos y Canadá, con la diferencia de que en dichos países se había logrado desacelerar el crecimiento por medio de políticas de control de la natalidad.59 El panel estuvo compuesto por tres problemáticas: “Urbanización y migración interna”, “Problemática económica y social del crecimiento de la población” y “Políticas de la población”, los cuales, a su vez, fueron divididos en subtemas.
La primera problemática, “Urbanización y migración interna”, se dividió en dos subtemas: “El proceso de migración como factor de cambio social” con participación de Juarez Brandao Lopez de Brasil, Karl Tauber de los Estados Unidos y Sergio Vargas de México, comentado por Gino Germani y Mario Margulis de Argentina y John Macisco de Estados Unidos; y “Crisis en las grandes ciudades”, y sus ponentes fueron Ramiro Cardona de Colombia y Robert Wood de Estados Unidos con comentarios de Harley Browning de Estados Unidos y Luis Unikel de México.60
La segunda problemática, “Problemática económica y social del crecimiento de la población”, tuvo tres subtemas: el primero fue “Empleo y desarrollo económico” con Francisco Javier Alejo de México y Harvey Liebenstein de Estados Unidos, con Georges Stolnitz y Mercedes Pedrero como comentaristas; el segundo fue “Población, salud y alimentación” con Luis Peregrina de México y Joe D. Wray de Estados Unidos, comentados por Doris Calloway y Daniel Bermeo de Colombia; el último fue “Educación y cambios socioculturales” a cargo de Gregorio Weinberg de Argentina y Dudley Kirk de Estados Unidos, con los comentarios de Eleanor Sheldon del mismo país y Jorge Arévalo de Chile.61 La tercer problemática, “Políticas de población”, tuvo igualmente tres secciones: la primera, “Metas y alcances”, con ponencias de Raúl Benítez de México y Robert Parke de Estados Unidos, comentadas por Paul Demeny y José Luis Segura; la segunda, “Integración de las políticas de población en el desarrollo económico y social”, con intervenciones de Eduardo Arriaga de Argentina y Judith Blake Davis de Estados Unidos, comentados por Myron Weiner del mismo país y Susana Lerner de México; la última, “Descripción y evaluación de experiencias en diferentes países”, con ponencias de María Luisa García de Chile y Fred Jaffe de Estados Unidos, comentadas por David Goldberg de Estados Unidos y Brígida García de República Dominicana.62
Además de los fondos destinados por la AAAC y el CONACYT, los gastos relativos al eje “Problemas de la población” fueron sufragados con donaciones de The Population Council63 de 5 000 dólares64 y de la Fundación Scaife,65 quien otorgó 10000 dólares.66
La atención de la prensa al tema inició con una nota en Excélsior, donde se dio voz a cuatro de los miembros de la SFTP: el biólogo Richard Levins, el físico Lorenzo Lambert, la bioquímica Sandra Spier y Jenny Thie, estudiante de biología en la Universidad de Boston. El texto narró cómo la promoción del uso de los anticonceptivos hormonales en América Latina tenía dos dimensiones. Por un lado, la experimentación en mujeres latinoamericanas, quienes fueron descritas como “conejillos de Indias”, cuyas experiencias eran utilizadas para el perfeccionamiento de la eficacia de los anticonceptivos orales y los dispositivos intrauterinos. Por otro, debido a que la mayoría de las veces se experimentó con mujeres que vivían bajo condiciones de pobreza, se lograba el objetivo de “controlar el número de gente pobre”.67 Como ejemplo narraron los experimentos en mujeres de Ometepec, Guerrero, por parte de Planned Parenthood, quienes habían reportado fuertes hemorragias después de ser inyectadas con un nuevo anticonceptivo.68
El artículo señalaba que el financiamiento de este tipo de medios provenía de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, la cual hasta ese momento había destinado 125 millones de pesos, mientras que la Fundación Ford otorgó recursos para la formación de los médicos en el Hospital de la Mujer de la Ciudad de México en las técnicas de culdoscopia requeridas en la colocación de los dispositivos intrauterinos. Levins no se oponía a las medidas de control natal, sin embargo, denunciaba que se promovieran como el único impedimento para el éxito de los proyectos de desarrollo, a la vez que se experimentaba por imposición y sin consentimiento en la población de América Latina.69
Aún más sorpresiva es la cobertura del diario El Sol de México que, a diferencia de Excélsior, mantenía una línea editorial claramente alineada con los intereses oficiales. Esta publicación dedicó un extenso artículo centrado únicamente en Richard Levins, y ocupó un espacio de la portada del 2 de julio de 1973. Levins probablemente externó sus posicionamientos durante las “contrarreuniones” organizadas por la agrupación al interior del Hospital General, y el formato del artículo sugiere la asistencia del reportero a una sesión de preguntas y respuestas. El contenido del artículo es muy similar a aquel de Excélsior,70 sin embargo, resalta que, al día siguiente en el editorial de El Sol de México, bajo el título “La reproducción de los pobres”, el diario reiteró algunos de los datos y declaraciones de Levins, y concluyó que el incremento de la actividad económica y no el control de la natalidad debían de ser las rutas para salir de la situación de pobreza.71
De esta manera, se puede constatar que fue en torno a la formulación del crecimiento poblacional como una problemática urgente en los países latinoamericanos, y específicamente en México, que la visión neutral, apolítica y que aceptaba acríticamente los beneficios de la ciencia y la tecnología, mostró sus mayores grietas. En especial, el tema de los anticonceptivos y su experimentación, así como los efectos adversos en la salud, suscitaron el mayor interés. Los actores locales cuestionaron en qué medida se podía abordar la problemática sin tomar en cuenta los contextos sociales y las disparidades existentes entre el Norte y el Sur, así como si efectivamente su abordaje tecnocientífico conduciría al tan anhelado desarrollo.
Conclusiones
La Reunión Continental ocurrió en un momento marcado por una creciente crítica a los usos y actores detrás del conocimiento tecnocientífico. Desde diversos frentes se emprendieron esfuerzos por imprimir nuevas orientaciones a la manera en que la investigación científica y tecnológica era dirigida. Por un lado, la “promesa de la ciencia” promovida por la AAAC en América Latina incluyó un modelo organizativo y una agenda de investigación para una zona geográfica considerada como de especial potencial en tanto no existían algunas de las dificultades a las que se enfrentaban las comunidades científicas en los países desarrollados. Por otro lado, desde México se buscó incrementar la actividad científica y la formación de profesionales, así como dar solidez a los procesos institucionales que conducirían al desarrollo económico y social, lo cual habilitó las condiciones de posibilidad para la realización de la Reunión Continental.
Mediante una lente crítica, la SFTP diseccionó este encuentro y trasladó a un nuevo escenario el antagonismo que años atrás construyó con relación a la AAAC. Su mayor aporte fue dar circulación a claves de lectura que situaron a la Reunión Continental como parte de los intercambios científicos y tecnológicos entre América Latina y Estados Unidos y de las asimetrías de poder preexistentes entre ambas regiones. Además, enunció con claridad al conjunto de actores filantrópicos, gubernamentales y empresariales que convergían en la AAAC. De esta manera complejizó las explicaciones ofrecidas por sus representantes oficiales, quienes enfatizaban únicamente el carácter científico de la institución.
Debido a la relevancia que tenía el debate público sobre el control demográfico en el contexto mexicano, fue en torno a este punto que la actividad transnacional de la SFTP tuvo mayor eco. Diversos medios impresos se interesaron por las declaraciones vertidas en los espacios de protesta construidos por la agrupación, las reprodujeron y discutieron. Su circulación abonó al escepticismo preexistente sobre si el subdesarrollo en América Latina podía ser atribuido al exceso de población y, por consiguiente, si era necesario hacer uso de la ciencia y la tecnología para limitar el número de nacimientos en la región.