Introducción
Aquí Radio Rebelde, Órgano del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y del Ejército Rebelde, formando su Cadena de la Libertad con sus estaciones filiales... Transmitiendo diariamente en la banda de 20 metros a las 7 y a las 9 de la noche... Desde las montañas de oriente, territorio libre de Cuba...
El 14 de abril de 1958, decenas de radiodifusoras latinoamericanas captaron una señal que provenía de la región montañosa del oriente cubano. La emisión, producida después de algunos días de movilización social y una fuerte represión gubernamental, fue recibida con entusiasmo tanto por los operadores comerciales como por los radioaficionados del continente. De inmediato, distintas estaciones empezaron a grabar la señal que recibían para poder retransmitirla hacia otras regiones. En aquella ocasión, un joven de 32 años de edad aprovechó el micrófono de una pequeña estación radiofónica clandestina para relatar con detalle la odisea del movimiento revolucionario que él encabezaba. No tenían armas, advirtió en tono solemne para su audiencia, pero tampoco las tenían cuando eran “doce barbudos hambrientos con siete fusiles” que recorrían las montañas cubanas.1 Sin embargo, aseguraba convencido, tenían “un ideal por el que luchar”.2 Con estas palabras, el líder revolucionario concluyó su mensaje. Por medio de un intrincado sistema de emisiones y retransmisiones, la voz de Fidel Castro se escuchó por primera vez en México, Honduras, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Brasil y otros países de la región.3 Desde luego, nada de esto fue casualidad. El líder del Movimiento 26 de Julio hablaba a través del micrófono de Radio Rebelde, la emisora que el movimiento revolucionario había decidido instalar para difundir las operaciones guerrilleras al resto del mundo.
La evolución tecnológica del siglo pasado, como sabemos, se caracterizó por un acelerado avance de las tecnologías de la comunicación. Como ha mostrado Daniel Headrick, la información que se difunde por medio de estas tecnologías es “un instrumento de poder vital” que puede “determinar la victoria o la derrota” en distintos contextos de enfrentamiento político.4 La tecnología radiofónica, desde luego, se consolidó como una herramienta poderosa que sirvió a diversos grupos en conflicto para avanzar sus agendas políticas y sociales. En particular, la capacidad de la radio para transmitir mensajes en tiempo real a través de distancias y accidentes geográficos hicieron de esta tecnología un mecanismo capaz de articular redes de radioescuchas de forma rápida y sin mediaciones. Como explica Marissa Moorman, la historia de la radio, después de todo, ha estado imbricada con el conflicto sociopolítico y la guerra desde sus orígenes.5
A partir de la Segunda Guerra Mundial, la tecnología radiofónica consolidó su papel como arma propagandística. Anson G. Rabinbach y Sander L. Gilman apuntan que la radio fue, junto con el cine, “el rostro más omnipresente de la cultura nazi” para los alemanes.6 Como reconoció el ministro de propaganda alemán, Joseph Goebbels, la radio estaba llamada a ser para el siglo XX lo que “la prensa fue para el siglo XIX”.7 La radio era, para Goebbels, “el intermediario más influyente e importante entre un movimiento espiritual y la nación, entre la idea y el pueblo”.8 Por lo mismo, el régimen nazi no sólo buscó controlar los contenidos que se difundían en las emisoras alemanas, sino que también se embarcó en un proyecto de difusión de receptores radiofónicos de bajo costo para que millones de alemanes pudieran escuchar las transmisiones de la Gran Radio Alemana (Großdeutscher Rundfunk), la cadena nacional que estuvo bajo control del Ministerio de Propaganda entre 1939 y 1945.9
En este sentido, la posibilidad de que las señales de radio traspasen fronteras estatales sin siquiera proponérselo ha convertido históricamente a las ondas radiales en un conflicto de jurisdicciones entre países y regiones. Por eso, a pesar de los esfuerzos por regular el espectro radiofónico a nivel global, la competencia geopolítica de la Guerra Fría encontró en el espectro radiofónico un campo fértil de disputa política e ideológica.10 En particular, las estrategias radiofónicas de los Estados Unidos para contrarrestar la influencia soviética en Europa por medio de las estaciones Radio Free Europe y Radio Liberty, y las maniobras de los soviéticos a través de Radio Moscú para frenar la influencia estadounidense, son ejemplos claros sobre el potencial estratégico de la radio como un medio para fragmentar la hegemonía política de países enemigos.11 Por lo mismo, la radiofonía incluso ha puesto en entredicho las nociones generales del derecho internacional que definen los espacios radiofónicos nacionales y las sanciones que se pueden imponer a las emisoras que se destinan a territorios enemigos como parte de una estrategia política más amplia.12
Como sabemos, el siglo XX latinoamericano estuvo marcado por un conjunto de tensiones políticas, económicas y sociales emanadas del proceso de integración económica de la región con los circuitos mercantiles globales.13 Estas tensiones, en muchos casos, derivaron en conflictos armados a lo largo del subcontinente. La disputa por el poder político y el control de los recursos nacionales no se jugó sólo entre actores locales, sino que estuvo atravesada por la presencia hegemónica de los intereses económicos estadounidenses.14 En este sentido, el conflicto político que emergió en distintos momentos estuvo definido por la difusión y, sobre todo, por la adopción de tecnologías diseñadas en los centros industriales de los países desarrollados. En el caso de la Revolución Cubana, como veremos, la difusión de la tecnología radiofónica estadounidense en la isla fue un factor clave para que la radiofonía clandestina de la guerrilla encontrara las condiciones tecnológicas adecuadas para difundir su mensaje revolucionario.
La historia de la radio latinoamericana, como se puede suponer, ha sido motivo de un número considerable de estudios que se han abocado a reconstruir desde los experimentos radiofónicos más tempranos hasta las trayectorias de las empresas públicas y privadas de radiodifusión de la región en el largo plazo.15 En general, la historiografía se ha concentrado en definir las etapas de evolución de la radiodifusión en el subcontinente, la evolución legislativa en torno a esta tecnología, la estructura de las principales estaciones y cadenas, y la programación característica de América Latina.16 Entérminos generales, como ha identificado Arturo Merayo, la historiografía latinoamericana sobre la radio adolece de un marcado nacionalismo que ha producido una desconexión entre los relatos que dan cuenta de esta tecnología en el subcontinente.17 Si bien existen algunas obras que han superado el marco nacional para mostrar el carácter transnacional de la tecnología radiofónica, el alcance metanacional de esta tecnología hace indispensable que la pongamos en el centro de la reflexión para indagar su papel en la configuración de conexiones transnacionales.18
Con todo, las características propias de la radiofonía han hecho de la experiencia radiofónica cubana un espacio analítico sobresaliente. En contraste con lo que apunta Merayo, el espacio caribeño ha permitido el desarrollo de diversas reflexiones e investigaciones que trascienden el espacio nacional. Alejandra Bronfman, por ejemplo, ha reconstruido las historias no escritas de las tecnologías sonoras y de la radio para explicar que la peculiaridad de este espacio radiofónico radica en su condición de espacio en disputa entre distintos imperios -con presencia no sólo de los Estados Unidos, sino también de la Gran Bretaña y en menor medida de Francia-. Para la autora, es fundamental mostrar “cómo la tecnología, y especialmente las nuevas tecnologías, se implicaron en la producción de conocimiento y nociones de verdad en un contexto de enfrentamiento militar”.19 Por su parte, Tom McEnaney ha reconstruido la coevolución de la radio y la novela en Argentina, Cuba y los Estados Unidos en su libro Acoustic Properties: Radio, Narrative, and the New Neighborhood of the Americas.20
Asimismo, algunos investigadores han reconocido la necesidad de indagar las experiencias radiofónicas en conjunto con el despliegue de otras tecnologías mediáticas. Jennifer Lambe se ha centrado en los medios como una suerte de interfaz que media entre la cultura popular y la cultura política. En The Subject of Revolution: Between Political and Popular Culture in Cuba, Lambe explora diversas manifestaciones culturales a través de sus escaparates mediáticos para analizar cómo se produjo el conocimiento sobre la Revolución Cubana y cómo la misma revolución articuló un conjunto de visiones nuevas sobre el mundo.21 En una línea similar, Yeidy M. Rivero ha indagado el surgimiento de la televisión comercial cubana en los años cincuenta para mostrar que los dueños de las televisoras y los funcionarios estatales que regulaban el espectro televisivo produjeron con sus actividades las imágenes que conformaron la modernidad cubana. Como Rivero muestra, tanto antes como después del triunfo de la Revolución, la televisión sirvió para mostrar, primero, una modernidad capitalista y, después, una modernidad socialista.22
En este sentido, es preciso reconocer que, en el espacio caribeño, la radio muy pronto fue utilizada para contrarrestar la hegemonía estadounidense, tanto en el campo diplomático23 como en las prácticas radiofónicas cotidianas.24 Por lo mismo, la radio clandestina que instaló la guerrilla cubana y la red de comunicaciones transnacionales que logró articular el Movimiento Revolucionario 26 de Julio es un fenómeno que nos permite para comprender de mejor forma las luchas por el poder en el continente y el papel de las tecnologías de la comunicación en la articulación de redes políticas de alcance continental. En última instancia, la emisora rebelde no sólo ayudó al movimiento a difundir sus aspiraciones y coordinar sus operaciones militares, sino que le permitió construir un circuito comunicacional continental transnacional que desafió la hegemonía informativa estadounidense en los años álgidos de la Guerra Fría latinoamericana.
Por lo mismo, el presente escrito propone una lectura transnacional de la experiencia radiofónica de la guerrilla cubana como un proceso de construcción de un circuito comunicacional latinoamericano. Como se podrá observar, la historia de la radio clandestina de la isla nos permite trazar las conexiones que esta experiencia estableció en los tres ejes cruciales de la historia transnacional que definió Pierre-Yves Saunier.25 En primer lugar, la experiencia radiofónica guerrillera no se explica si no atendemos a los contactos establecidos entre los guerrilleros como entidad política, la audiencia objetivo del movimiento al interior de la isla y el público solidario internacional que encontró en los mensajes de la radio cubana una alternativa informativa. En segunda instancia, esta experiencia también nos muestra que no es posible entender el fenómeno radiofónico y su impacto histórico en el caso cubano si nos concentramos únicamente en la unidad cerrada de la nación y no observamos las conexiones que la radio estableció hacia fuera. Por último, este caso también nos permite identificar algunos patrones que se conectan con otras experiencias similares, como es el caso de otras radios clandestinas y revolucionarias, como Angola Combatente en Angola, Radio Sandino en Nicaragua o Radio Venceremos en El Salvador.26
A pesar de que se han hecho algunos estudios sobre el papel de las radios clandestinas en la disputa por la hegemonía política entre la Unión Soviética y los Estados Unidos,27 por ejemplo, aún no se ha escrito la historia de la radio como un factor determinante en la historia de la Guerra Fría latinoamericana. Si bien contamos con algunos relatos que dan cuenta de algunas experiencias nacionales -sobre todo memorias de algunos participantes- y algunos estudios comparativos desde los marcos analíticos nacionales, aún queda mucho por hacer desde una perspectiva transnacional para entender el papel de la tecnología radiofónica en la historia del siglo XX.28 Por lo mismo, el presente trabajo explora la experiencia radiofónica cubana a partir de las memorias escritas por sus protagonistas, información de prensa y documentos de archivo de la Agencia Central de Inteligencia y del Centro de Documentación de los Movimientos Armados para observar el funcionamiento de esta tecnología en manos de la guerrilla. Para hacerlo, el texto se compone de tres secciones. En la primera se presenta una breve reconstrucción del proceso de instalación de la radio clandestina de los guerrilleros. En la segunda se muestra el papel crucial que desempeñó la radiofonía guerrillera para romper el cerco mediático local e internacional que el gobierno de Fulgencio Batista mantenía sobre los movimientos disidentes en la isla. En la tercera se expone la transformación de la radio cubana después del triunfo de la Revolución y su consolidación como un mecanismo estatal que encauza el movimiento político al interior de la isla y que apuntala un escudo comunicativo frente a las maniobras político-militares de los Estados Unidos. Finalmente, a modo de conclusión, se plantean algunas líneas que pueden servir como una hoja de ruta para una investigación pendiente sobre la historia transnacional de la radio cubana.
La instalación de la emisora rebelde
La tarde del 24 de febrero de 1958, la estación clandestina de la guerrilla cubana, Radio Rebelde, inició sus operaciones para dar forma al proyecto comunicacional que el Movimiento 26 de Julio consideraba indispensable para inclinar el fiel de la balanza del enfrentamiento armado a su favor.29 Así lo explicaría poco después Ernesto Guevara al teorizar su experiencia en la guerrilla. Él consideraba que la idea revolucionaria tenía que difundirse, y para lograrlo era necesario contar con “un equipo y una organización” que respaldara semejante esfuerzo.30 Al abordar la importancia de la propaganda del movimiento, el guerrillero argentino apuntó que la más efectiva es la que se hace “desde dentro de la zona guerrillera”.31
La difusión de las ideas para los pobladores del área ocupada por la guerrilla pasaba por la explicación teórica de los hechos. Por ello, los líderes del movimiento consideraban que la instalación de una emisora clandestina era imprescindible para poder comunicar a los pobladores los problemas relacionados con la insurrección. La radio, en este sentido, se convirtió en un instrumento de “extraordinaria importancia”, porque “la palabra inspiradora, inflamada” aumentaría la fiebre bélica “palpitante en cada uno de los miembros de una región o de un país”.32
A través de las emisiones radiofónicas, la guerrilla podría explicar, enseñar, enardecer y ayudar a determinar las diferencias entre amigos y enemigos. Como ha mostrado William Barlow, la radiofonía ofrecía un alcance superior por las propias características de esta tecnología. En primer lugar, al ser una herramienta de comunicación inalámbrica, tenía el potencial para alcanzar una población diversa y dispersa. En segundo lugar, su capacidad de desplazamiento por el espectro radiofónico hacía posible que los mensajes alcanzaran regiones remotas y de difícil acceso. En tercer lugar, al ser una tecnología relativamente accesible y económica, podía llevar información a su público objetivo sin muchas complicaciones. Después de todo, la radio resultaba más barata tanto para el emisor como para el receptor. La prensa, por ejemplo, suponía un gasto en infraestructura e insumos muy elevado y la televisión, por otro lado, además de costosa en su producción resultaba en ocasiones inaccesible para las poblaciones marginadas por sus altos costos de adquisición. En cuarto lugar, la radio es un mecanismo de comunicación que no requiere que el radioescucha sepa leer ni escribir. Esta última característica, sobre todo, hizo posible que la radiofonía se consolidara como una de las armas más poderosas de la guerrilla cubana.33
Para cumplir con los objetivos que los líderes del movimiento buscaban con la instalación de la radio guerrillera, Ernesto Guevara propuso la transmisión de “noticias vivas, de combates, encuentros de todo tipo, asesinatos cometidos por la represión y, además, orientaciones doctrinales, enseñanzas prácticas a la población civil, y de vez en cuando discursos de los jefes de la revolución”.34 Para el combatiente, como explica Michael Goddard, además era fundamental no sólo transmitir información, sino sobre todo acompañarla de explicaciones sobre “las motivaciones y razones de la lucha”.35 Para hacerlo, desde luego, había que aprovechar el potencial de la oralidad para llegar al público que quería impactar. Después de todo, los medios de comunicación al alcance de la guerrilla debían usarse para adaptar su mensajes políticos a las experiencias y niveles de alfabetización de las diferentes poblaciones, como campesinos o trabajadores.36 En este sentido, la radio no sólo era importante porque transmitía de viva voz los mensajes que los líderes revolucionarios querían transmitir, sino porque podían además entusiasmar a la población en favor del movimiento revolucionario por medio de las tonalidades afectivas inmersas en sus discursos. La potencia de la tecnología radiofónica, como vemos, no escapaba a las reflexiones estratégicas de los dirigentes del movimiento que buscaba derrocar la dictadura de Fulgencio Batista. El proyecto de la radio clandestina tomó forma en diciembre de 1957, cuando el oficial rebelde, Ciro del Río, comentó a Guevara que conocía a un técnico de la ciudad de Bayamo que podía levantar una estación en medio del territorio guerrillero. La idea del oficial era instalar, por un lado, un equipo de microonda para que los pelotones en combate pudieran comunicarse y, por el otro, instalar en la Sierra Maestra una planta para que el mando rebelde pudiera “transmitir los partes de guerra y la propaganda revolucionaria para que llegara al pueblo a través de la radio”.37
Del Río y Guevara acordaron buscar al técnico, Eduardo Fernández, para encargarle la compra del equipo, el traslado y la instalación de la unidad. Después de entrevistarse con Guevara en la sierra en enero de 1958, Fernández partió con rumbo a Santiago para comprar algunos de los componentes necesarios para la instalación de la radio. Una vez en Santiago, por instrucción de Guevara, el ingeniero eléctrico Agustín Capó se encontró con Fernández para adquirir las piezas adecuadas. Desafortunadamente, no hallaron en la ciudad lo que necesitaban y acordaron buscar los dispositivos en La Habana. En la capital del país, un radioaficionado les proporcionó una planta emisora y les explicó tanto su funcionamiento como las medidas necesarias para empezar las transmisiones.38 El equipo que consiguieron Fernández y Capó fue un transmisor Collins, modelo 32-V-2, una antena de 20 metros y una planta eléctrica marca Onan. Con este equipo, la emisora podría emitir una señal de onda corta.39
Con la estación en su poder, no obstante, aún quedaba el desafío de cruzar con ella los retenes militares para llegar al cuartel rebelde en la Sierra Maestra. Para transportarla, decidieron desarmar el equipo para meterlo en el jeep de uno de los jefes revolucionarios, Ricardo Fernández. Acompañado de cuatro personas más, sentados sobre el equipo para disimular su presencia, salieron rumbo a la sierra.40 En febrero de 1958, la planta transmisora, una planta eléctrica, los cables, los micrófonos y la antena finalmente llegaron al campamento de La Mesa, a cargo de Guevara, para su instalación.41
Eduardo Fernández le propuso a Guevara que se colocara en un lugar elevado para poder tener un mejor alcance. Con el visto bueno de la dirigencia del movimiento, Fernández instaló la estación en una casa que se encontraba sobre una loma, ubicada en Altos de Conrado. La antena la colocó entre dos árboles para ocultarla lo más posible en caso de que algún convoy aéreo del ejército gubernamental pasara por la zona. Finalmente, situó la planta de generación eléctrica dentro de uno de los troncos.42 La operación técnica del equipo quedó a cargo del propio Fernández, encargado de las reparaciones y operación de la planta de transmisiones, y de Orestes Varela, experimentado radio-operador que había trabajado hasta ese momento en la estación comercial Radio Mambí. En la locución quedó asignado el periodista Luis Orlando Rodríguez, y pronto se unirían Celia Sánchez y Violeta Casel.43
La articulación de una cadena transnacional
Con estos preparativos, la emisora rebelde comenzó sus transmisiones el 24 de febrero de 1958. Si bien los primeros radioescuchas de la estación fueron un campesino que vivía en la misma loma y Fidel Castro, que estaba de visita para preparar un ataque próximo, poco a poco la calidad de las emisiones mejoró y, para finales de año logró ser una de las estaciones cubanas más escuchadas.44 No obstante, el camino para construir una audiencia no fue fácil. El equipo de transmisiones tenía poca potencia y no lograba alanzar de manera directa algunas regiones de la isla. Con todo, las emisiones -realizadas a las cinco de la tarde y a las nueve de la noche- lograban viajar a algunas partes del continente americano. Desde las primeras emisiones, una estación venezolana operada por cubanos exiliados empezó a grabar las emisiones de los rebeldes para retransmitirlas en frecuencias que pudieran llegar al resto del territorio cubano.45
El patrón se repitió en otros puntos de América Latina. Radio Rumbos y Radio Continente empezaron a retransmitir desde Venezuela, Radio Caracol en Colombia y La Voz de Quito en Ecuador.46 Con estas triangulaciones se formó lo que se empezó a conocer como la cadena de la libertad, una cadena radiofónica transnacional que difundía la información actualizada sobre el movimiento guerrillero.47 Pronto algunas estaciones de Costa Rica48 y Argentina se sumaron a la red comunicacional de transmisiones para cubrir las regiones de centro y Sudamérica.49 Para finales de 1958, las emisiones incluso se podían escuchar con claridad en la capital de los Estados Unidos.50 Este hecho hizo suponer a la Agencia Central de Inteligencia (CIA) que el objetivo de la radio clandestina era, por un lado, construir un canal de comunicación con los países extranjeros y, por el otro, informar a la población cubana sobre el desarrollo de la insurrección.51 Al decir de Guevara, las transmisiones radiofónicas hicieron innegable la existencia de las tropas guerrilleras y permitieron que “su determinación de lucha se hiciera conocida en toda la república”.52Radio Rebelde, alimentada con menos de 150 vatios, “se convirtió en un factor importante para poner a Batista a la defensiva internacionalmente y para crear un retrato heroico de Castro”.53 Como vemos, la radio clandestina de la gue rrilla se consolidó como un medio que conectó a los revolucionarios tanto hacia al interior de la isla con sus simpatizantes como hacia afuera con diversos grupos que se solidarizaron con el movimiento rebelde. Goddard explica que la radio sirvió para dar a conocer conflictos que el régimen de Batista preferiría ocultar, como para impedir que la fuerza de los acontecimientos se explicara a través de una matriz interpretativa ajena a la que hilaban con cuidado los líderes guerrilleros.54 Después de todo, como apuntó en su momento Régis Debray, fue a través de la radio que los guerrilleros lograron forzar “las puertas de la verdad” y las abrieron “de par en par para toda la población”.55
El 18 de agosto de 1958, por ejemplo, el propio Castro rememoraba a través de los micrófonos de Radio Rebelde los momentos difíciles que la Revolución había enfrentado tras el fracaso de la huelga general del 9 de abril de 1958. En aquella ocasión, recordaba al aire el líder revolucionario, la emisora había jugado un papel crucial para desmentir al régimen. La tiranía, apuntaba Castro, “emitió una serie de partes mentirosos” para anunciar que además del fracaso de la huelga “en el campo militar las fuerzas rebeldes también habían sido batidas”.56 Castro, al responder a la campaña del enemigo, citó su propia transmisión de abril, donde informó que “el pueblo de cuba sabe que la lucha se está librando victoriosamente”.57 El líder revolucionario confeccionaba por medio de la (re) transmisión de aquel discurso una narración que los radioescuchas podían -y harían- suya de manera progresiva:
El pueblo de Cuba sabe que a lo largo de 17 meses, desde nuestro desembarco con un puñado de hombres que supieron afrontar la derrota sin cejar en el patriótico empeño, la Revolución ha ido creciendo incesantemente; sabe que lo que era chispa hace apenas un año, es hoy llamarada invencible; sabe que ya no se lucha sólo en la Sierra Maestra, desde cabo Cruz hasta Santiago de Cuba, sino también en la Sierra Cristal, desde Mayarí hasta Baracoa, en la llanura del Cauto, desde Bayamo hasta Victoria de las Tunas y en otras provincias de Cuba; pero sobre todo, sabe el pueblo de Cuba, que la voluntad y el tesón con que iniciamos esta lucha se mantiene inquebrantable, sabe que somos un ejército surgido de la nada, que la adversidad no nos desalienta, que después de cada revés la revolución ha resurgido con más fuerza; sabe que la destrucción del destacamento expedicionario del ‘Granma’ no fue el fin de la lucha sino el principio; sabe que la huelga espontánea que siguió al asesinato de nuestro compañero Frank País, no venció a la tiranía pero señaló el camino de la huelga organizada; que sobre el montón de cadáveres con que la dictadura ahogó en sangre la última huelga no se puede mantener en el poder ningún gobierno porque los centenares de jóvenes y obreros asesinados y la represión sin precedente desatada sobre el pueblo, no debilita la revolución, sino que la hace más fuerte, más necesaria, más invencible; que la sangre derramada hace más grande el valor y la indignación, que cada compañero caído en las calles de las ciudades y en los campos de batalla despierta en sus hermanos de ideal un deseo irresistible de dar también la vida, despierta en los indolentes el deseo de combatir, despierta en los tibios el sentimiento de la patria que se desangra por su dignidad, despierta en todos los pueblos de América la simpatía y la adhesión.58
Para el segundo semestre de 1958, conforme el movimiento insurreccional avanzaba hacia la capital, las ciudades ocupadas por los rebeldes en el este de la isla sirvieron para proveer a la guerrilla de nuevos equipos de transmisión para mejorar las comunicaciones militares, por un lado, y para dar mantenimiento a la emisora clandestina, por el otro.59 Asimismo, en el tránsito hacia la capital, los insurrectos encontraron ingenieros interesados en colaborar con el movimiento.60 Los guerrilleros se beneficiaron de la tradición radiofónica de la isla, una de las más desarrolladas hasta ese momento por la fuerte presencia de compañías estadounidenses. Desde finales de los años cuarenta, las compañías radiofónicas cbs, rca Victor y Warner Brothers invirtieron sumas considerables para impulsar el uso de la radio cubana como un puente para llegar al resto de Latinoamérica.61 Para los años cincuenta, la radiofonía en Cuba se había consolidado como un circuito empresarial en el que cuatro cadenas nacionales operaban treinta y seis emisoras que contaban con los equipos radiofónicos más modernos.62 En el momento del conflicto bélico, la isla contaba con más de un millón de equipos receptores en los hogares cubanos.63 En este sentido, los guerrilleros tuvieron a su favor un entorno tecnológico y mediático favorable.
Por otro lado, conforme la guerrilla tomó las ciudades del país, el movimiento no sólo pudo aprovechar las instalaciones de las emisoras comerciales y su potencia radiofónica, sino que contó con el respaldo de un buen número de técnicos que se sumaron al movimiento. De esta forma, la guerrilla comandada por Castro logró mejorar su capacidad táctica y comunicacional tanto al interior como al exterior de la isla. Como explicó el propio Castro, cuando las columnas guerrilleras salían de la Sierra Maestra, tenían información exacta de los acontecimientos que ocurrían en los frentes de batalla. Tan sólo en el segundo frente, de acuerdo con Castro, se organizaron dieciocho “emisoras de radio que estaban en sintonía con Radio Rebelde”.64 La radio se convirtió en un imperativo logístico para las operaciones guerrilleras: cada vez que se establecía un nuevo frente se procuraba levantar una emisora, “tanto para enviar comunicaciones como para recibir informaciones desde la Sierra Maestra”.65
Con la incorporación de nuevos equipos y de técnicos operadores que habían trabajado en la industria radiofónica local, y con la red de transmisiones que se articuló en el subcontinente latinoamericano, la emisora rebelde logró construir un circuito comunicacional que la colocó como un interlocutor transnacional. La agencia periodística española efe, por ejemplo, publicó una nota donde el movimiento guerrillero, a través de su emisora clandestina, apelaba a la reina de Inglaterra para que impidiera la venta de quince aviones que pretendía comprar el dictador Batista.66 A su vez, la prensa mexicana informó que Radio Rebelde había notificado que los comandos guerrilleros habían atacado dos guarniciones del ejército cubano. En la operación, capturaron a varios prisioneros y una gran cantidad de armas y municiones. Con ello, los rebeldes habían logrado tomar catorce puestos militares.67
Conforme aumentaron los enfrentamientos armados, la emisora rebelde logró difundir a nivel internacional su propia versión de los acontecimientos. En agosto de 1958, por ejemplo, la prensa tejana desplegaba dos versiones contrastantes de un mismo hecho. Mientras el gobierno informaba sobre su tercera victoria consecutiva sobre los rebeldes en la Sierra Maestra, la radio clandestina señalaba que el ataque había caído sobre un hospital que atendía heridos bajo las banderas de la Cruz Roja.68 En respuesta a los informes oficiales, además, Castro reseñaba los acontecimientos bélicos para ofrecer una versión distinta a la que presentaba el gobierno de Batista. En más de setenta días de intensos enfrentamientos en el frente de la Sierra Maestra, explicaba Castro, las fuerzas rebeldes habían rechazado y destruido “a la flor y nata de las fuerzas de la tiranía, ocasionándole uno de los mayores desastres que pueda haber sufrido un ejército moderno”.69 Así lo explicaba el propio Castro a través de los micrófonos de Radio Rebelde:
Ahora mismo, al finalizar la ofensiva, el Estado Mayor de la dictadura acaba de emitir los más fabulosos partes de guerra que se han escuchado en Cuba, hablando de cientos de muertos rebeldes. Pero el simple hecho de dar tan elevado número de bajas rebeldes, que por supuesto son las propias bajas del ejército, indica el reconocimiento de la magnitud de las batallas que se han librado. Ha sido tan grande el cinismo del Estado Mayor que, el mismo día que nosotros entregábamos a la Cruz Roja en Sao Grande 163 prisioneros y heridos del Ejército, de todo lo cual se levantó acta firmadas por los coroneles de la Cruz Roja, que en total suman con los anteriores 422, emitió un parte diciendo que los rebeldes se estaban presentando en Manzanillo, Bayamo y otros puntos. Siendo así que en los 76 días que duró la ofensiva las fuerzas de la dictadura no han hecho un solo prisionero, ni ha habido un solo desertor rebelde. ¿Qué les dirá el Estado Mayor a los soldados cuando estos presencien el desbordamiento de tropas rebeldes a lo largo y ancho de la Isla? ¿No opina el Estado Mayor que en ese instante sus soldados se van a llevar la más terrible sorpresa y la más amarga de las decepciones sobre su mando militar, que después de haberlos llevado a la derrota les miente descaradamente diciendo que el enemigo ha sido destruido, un enemigo que en cualquier instante puede aparecer en las puertas desprevenidas de sus cuarteles?70
Los últimos meses del gobierno de Batista pusieron a prueba la capacidad de la emisora rebelde para vencer el cerco comunicacional de la prensa nacional y extranjera. El conflicto bélico se extendió con mayor profundidad al ámbito informativo. Mientras la prensa oficialista difundía noticias que minimizaban las victorias rebeldes y amplificaban las gubernamentales, la emisora rebelde se empeñaba en desmentir las publicaciones falsas. En medio de intensos bombardeos, a un par de días de la huida de Batista de la isla, por ejemplo, la prensa española reprodujo la información que difundía la radio clandestina para comunicar que la guerrilla había tomado otras ciudades.71
Para el 29 de diciembre de 1958, después de que la columna de Guevara descarrilara un tren cargado con armamento, los corresponsales de la prensa internacional comenzaron a difundir la noticia de la muerte del guerrillero argentino. Al día siguiente, Radio Rebelde no perdió tiempo en informar la captura del armamento y en negar la muerte de Guevara: “para la tranquilidad de los familiares en Sudamérica y de la población cubana, les aseguramos que Ernesto ‘Che’ Guevara está vivo y en la línea de fuego”.72 Conforme escalaba el conflicto y se acercaba la derrota de Batista, las transmisiones de la radio clandestina continuaron sin descanso. Tras el escape del dictador en la víspera del año nuevo, la emisora no tardó en difundir un mensaje grabado que se repetía constantemente: “nadie se deje confundir por el golpe de estado, por los sucesos, por la huida del tirano, ¡esperen las declaraciones del comandante en jefe!”.73
El triunfo de la Revolución se asentaría con el tiempo, pero las actividades de Radio Rebelde no se detendrían en adelante. Gracias a la emisora rebelde, la guerrilla consiguió interpelar a actores políticos internacionales que participaron en el conflicto cubano y difundir información puntual sobre sus avances militares en un circuito transnacional que comunicaba diversas ciudades latinoamericanas, europeas y estadounidenses.
La consolidación estatal del circuito transnacional cubano
El nuevo gobierno revolucionario no tardó en intervenir el Circuito Nacional Cubano (cnc)74, propiedad del exdictador y su familia, para poner bajo el dominio del estado sus doce emisoras nacionales el 12 de enero de 1959.75 Un par de meses después, el 20 de marzo, el gobierno creó el Frente Independiente de Emisoras Libres (fiel) para desafiar el control que ejercía la Federación de Radioemisiones de Cuba (frc), el conglomerado empresarial que dominaba el sector radiofónico.76 Para concluir con el proceso de transformación de la radio que inició la Revolución, el 16 de noviembre de 1960, a casi dos años de haber llegado al poder, el gobierno nacionalizó las sesenta y seis radioemisoras que había en el país.77 Entre todas las estaciones, el país contaba con un total de ciento cincuenta y seis instalaciones.78
Después del triunfo de la Revolución, el papel de la radiofonía cubana se expandió y se transformó. Como ha mostrado William Barlow, la radio “se convirtió en una agencia clave en el nuevo plan revolucionario para la reconstrucción socialista”.79 Una vez consolidada la victoria del proyecto revolucionario castrista, la radio empezó a utilizarse para impulsar las campañas de alfabetización, salud, reforma agraria y unidad nacional. Los mensajes y los programas que se comenzaron a producir buscaban articular una suerte de paisaje sonoro que pusiera en palabras los proyectos de construcción de una nueva realidad. Además, la ahora emisora oficial del gobierno también sirvió como un escaparate para mostrar la nueva música, drama y poesía revolucionaria. De cierta forma, se trataba de dar voz a las organizaciones e instituciones que se crearon bajo las órdenes del gobierno de la Revolución.80
Para abril de 1961, el régimen cubano inauguró Radio Habana, una estación oficial que empezó a “transmitir más de cuatrocientas horas a la semana en onda corta en ocho lenguas distintas para llegar a los países de Europa, el Mediterráneo, África y las Américas”.81 Además, también instaló una estación de amplitud modulada, La Voz de Cuba, para llegar a los países cercanos del Caribe y las costas sudorientales de los Estados Unidos.82 Finalmente, en junio de 1962, el gobierno revolucionario creó el Instituto Cubano de Radiodifusión (ICR) para “controlar todas las transmisiones de radio y televisión”.83 De esta forma, el gobierno cubano logró consolidar su control sobre los medios radiofónicos y dejar fuera del juego mediático a los actores políticos que no estuvieran alineados con el proyecto revolucionario. Al mismo tiempo, el icr le permitió al gobierno castrista empezar a transmitir con una potencia suficiente para alcanzar no sólo el territorio americano, sino también para llegar a regiones más alejadas del mundo y consolidar la articulación de un circuito comunicacional transnacional con epicentro en la isla de Cuba. Al poco tiempo, el ejemplo insurreccional cubano y su explotación de la tecnología radiofónica comenzó a ser utilizada en otras partes del subcontinente latinoamericano: las radios clandestinas empezaron a surgir con un sospechoso reciclaje de contenidos que se producían en La Habana.84
Como sabemos, el triunfo de la Revolución trajo consigo una serie de cambios en distintos niveles para la isla. Algunas de las transformaciones fueron instigadas por la dirigencia revolucionaria, pero muchas otras fueron consecuencia del reacomodo geopolítico que supuso el derrocamiento del antiguo aliado de los Estados Unidos en la región caribeña.85 El deterioro acelerado de las relaciones entre el gobierno de la isla y el estadounidense, por un lado, y el acercamiento político de los líderes revolucionarios con la Unión Soviética, por el otro, significaron un cambio trascendental para la industria radiofónica cubana. Los equipos, las piezas y las refacciones que provenían de los Estados Unidos dejaron de fluir hacia la isla, por lo que el gobierno cubano tuvo que buscar alternativas para alimentar sus proyectos radiofónicos de alcance continental. Con la centralización de la industria de la radio en manos del icr, el gobierno cubano se propuso mantener su lugar como la nación latinoamericana que más horas transmitía al día con un alcance internacional.86 Para ello, comenzó la compra de equipos de transmisión de los países del bloque socialista. En 1962, por ejemplo, adquirió doce transmisores de 5 kilovatios y trece más de 50 kilovatios que llegaron desde Hungría.87 De esta forma, la dirigencia revolucionaria avanzaba en su esfuerzo por “convertir el sistema de radio nacional en una herramienta de propaganda más manejable” que le permitiera al nuevo gobierno revolucionario apuntalar sus circuitos de comunicación transnacionales.88 Al mismo tiempo, el gobierno cubano apuntalaba un sistema comunicacional cerrado al interior de la isla, en el que sólo la voz oficial podía circular.
En este sentido, Radio Habana se convirtió en una pieza clave en la consolidación del circuito comunicacional cubano hacia el exterior. Uno de los primeros objetivos de esta emisora fue contrarrestar la propaganda antirrevolucionaria del gobierno estadounidense.89 Para lograrlo, la emisora cambió de frecuencia para interferir las transmisiones que se hacían desde la emisora The Voice of America.90 Por otro lado, el gobierno cubano aprovechó la potencia de sus instalaciones para abrir los micrófonos de Radio Habana para que otros grupos políticos de América Latina pudieran transmitir programas que no tuvieran circulación en sus propios países.91
Los programas que se empezaron a emitir para alcanzar suelo latinoamericano incluían, por ejemplo, La Voz de Perú Revolucionaria que producía el Movimiento Peruano de la Lucha Anti-Imperialista, el Mensaje a Guatemala del Comité Guatemalteco de Información y Patria Libre del Movimiento de Liberación Dominicana, entre otros.92 Porlomismo, elenfrentamientogeopolítico entre la Cuba revolucionaria y el gobierno estadounidense se extendió a las frecuencias radiofónicas y ha sido una fuente de tensiones entre ambos países desde entonces. La disputa por la hegemonía del espectro radiofónico, por ejemplo, llevó al gobierno estadounidense a lanzar en la década de los años ochenta la estación anticastrista Radio Martí.93 Incluso, en el ocaso del socialismo real, a pesar de que la caída de la Unión Soviética supuso la mayor crisis que la isla ha enfrentado recientemente por la pérdida del apoyo económico y político, hasta la fecha Radio Habana opera en el espectro de onda corta y transmite de manera continua con una programación orientada al público internacional con el objetivo de mantener su presencia en los circuitos de comunicación transnacionales.
Conclusiones
La trayectoria de la radio revolucionaria cubana puede entenderse como una analogía de lo que fue el proceso político en conjunto. Su evolución estuvo marcada por la toma de estaciones, la incorporación de nuevos equipos y la adhesión de técnicos simpatizantes con el movimiento con el objetivo de reconfigurar la isla en lo político, lo económico y lo social. Poco a poco, pasó de ser una pequeña estación perdida en la sierra, a tener la potencia necesaria para coordinar las operaciones militares en la isla y comunicar los pormenores de los enfrentamientos a través de una red de emisoras dispersas a lo largo del subcontinente latinoamericano. En este proceso, el papel de los exiliados cubanos fue fundamental para empezar a coordinar la recepción, grabación y retransmisión de los mensajes emitidos por los guerrilleros. Por medio de su participación y con ayuda del entusiasmo de algunos radioaficionados, la estación clandestina se convirtió en un polo de difusión de información que rompió el cerco mediático del gobierno de Batista y de las agencias de prensa extranjeras. En poco tiempo, logró articular una cadena transnacional de radiodifusoras latinoamericanas que reprodujeron sus mensajes y convirtieron al movimiento rebelde en un interlocutor reconocido por la prensa internacional y los gobiernos de otros países.
Con el triunfo de la Revolución, el papel de la radiodifusión cubana en el continente cambió de manera radical. Pasó de ser una extensión del sistema radiofónico estadounidense a consolidarse como un polo independiente que empezó a articular su propio circuito comunicacional para participar de manera activa en el rumbo político de América Latina y el resto del mundo. Esto, desde luego, requirió una nueva fuente de equipos, componentes y refacciones para el sistema radiofónico que el gobierno revolucionario encontró en los países del bloque socialista. En las últimas tres décadas de la Guerra Fría, el enfrentamiento y la disputa por la hegemonía política entre el gobierno de Cuba y el de los Estados Unidos se jugó también en el espectro electromagnético. Este conflicto, por supuesto, sigue latente, e incluso en nuestros días se pueden escuchar los ecos de esta disputa si se cuenta con un receptor radiofónico que pueda captar las señales que se emiten desde la isla cubana.
La historia transnacional de la radio clandestina en América Latina, desde luego, es un campo de investigación abierto y sumamente prometedor. Como han mostrado algunos de las obras que se comentaron anteriormente, el fenómeno radiofónico tiene un gran potencial reflexivo que nos exige desarrollar un enfoque más sistemático para abarcar las conexiones entre las diversas experiencias radiofónicas de la región caribeña y latinoamericana. En el caso de las radios clandestinas, esto incluye la comparación de las estrategias comunicativas utilizadas por movimientos revolucionarios en diferentes países y el impacto de la radio en la conformación de identidades políticas transnacionales. Un análisis profundo de estos elementos, por ejemplo, nos puede servir para identificar patrones comunes y divergencias en el uso de la radio como herramienta de resistencia, movilización, organización y consolidación de los sistemas políticos en el siglo XX. Por otro lado, el estudio de las radios clandestinas también podría arrojar luces sobre los procesos geopolíticos que moldearon la región durante la Guerra Fría latinoamericana. Si bien se han hecho estudios amplios sobre el papel de la radio en la confrontación bipolar entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, aún hace falta mucho trabajo sobre el papel de la radio en otras regiones y en otros procesos históricos. Por fortuna, como se apuntó líneas arriba, diversos investigadores se han dado a la tarea de explorar estos fenómenos y han propuesto enfoques analíticos novedosos que han traído aire fresco a los estudios sobre la radio. Por otra parte, el estudio de la radiofonía clandestina también nos permite comprender cómo esta tecnología sirvió para desafiar las narrativas dominantes y la hegemonía informativa de los regímenes en el poder y de las redes informativas globales. La radio, en este sentido, no sólo sirvió como un canal para la difusión de mensajes revolucionarios, sino que también facilitó la creación de imaginarios comunes que se articularon por medio de la circulación y la retransmisión de los contenidos confeccionados en Cuba. Este fenómeno pone sobre la mesa la importancia de las comunicaciones en la construcción de movimientos políticos y sociales que trascendieron fronteras y se imbricaron con luchas locales que se entrelazaron con diversas agendas globales. El estudio histórico desde una perspectiva transnacional, por lo mismo, nos permite dialogar con fenómenos como el imperialismo cultural y las luchas por el control de la información en un mundo interconectado. En suma, como han mostrado algunos de los autores que han abordado estos fenómenos comunicacionales, la historia de la radio clandestina, y sus posteriores evoluciones, son una expresión de las tensiones y conflictos dentro de la región latinoamericana, además representa un campo fértil para indagar las experiencias de conflicto social, enfrentamiento ideológico y formación de distintas subjetividades.