Fecha de recepción:
24 de septiembre de 2024

Fecha de aceptación:
10 de marzo de 2025

* Catherine R. Ettinger

Contacto: catherine.ettinger@umich.mx

Introducción

La biografía, uno de los géneros fundamentales de la narración histórica, ha generado un renovado interés en la historiografía de la arquitectura, pues esta disciplina reconoce ahora -y cada vez con mayor relevancia- su valor, aunque también se critique la manera en que construye héroes y mantiene “viva la figura del gran arquitecto”.1 Queda patente, además, que el reconocimiento profesional e inclusive la determinación de autorías, dependen no sólo de la existencia de un archivo, sino en gran medida del trabajo historiográfico, de las narrativas construidas en torno al personaje que visibilizan sus aportaciones y que lo insertan en discusiones contemporáneas.2

Justamente, ante la falta de una obra biográfica contundente de Hannes Meyer (1889-1954), vemos desvanecer en la historiografía una figura de singular relevancia. Con un papel tan visible en el movimiento moderno como segundo director de la Bauhaus (1926-1930), entre Mies van der Rohe y Walter Gropius, uno esperaría encontrar una amplia bibliografía sobre su vida y obra. Sin embargo no es así. Por ello, en Architect Hannes Meyer and Radical Modernism. A Biography, Georg Leidenberger se ha propuesto atender la invisibilidad de Meyer y comprender su obra en relación con su historia de vida y sus compromisos políticos.

Leidenberger anuncia que se trata de una biografía crítica y no lineal (aunque la estructura del libro es cronológica), pues más allá de proveer datos sobre la vida de Meyer, busca interpretar, relacionar y sugerir. Es desde esa perspectiva que se exploran las diferentes etapas de la vida de este arquitecto: sus comienzos en Basel; su transición hacia una postura radical y su paso por la Bauhaus; su estancia en la Unión Soviética; un regreso a Suiza; una prolongada experiencia en México y el regreso a Europa durante la Guerra Fría.

El libro está organizado en siete capítulos. El primero de ellos aborda la infancia de Meyer en Basel, su familia, la pérdida de su padre a temprana edad y su estancia en un orfelinato. Este antecedente se retoma en capítulos subsecuentes a manera de explicación de la obra del mismo arquitecto y su interés en la vida colectiva. Un segundo capítulo trata el periodo de 1909-1919, cuando Meyer realizó varios viajes -a Inglaterra y Francia, y a Munich, Berlín, Essen y Kiel en Alemania-, además de una estancia larga en Berlín. Leidenberger describe cómo esta etapa le sirvió a Meyer para explorar el diseño de vivienda comunitaria y la planificación urbana, temas que serían centrales en su obra. Un tercer capítulo analiza el conjunto de Freidorf (1921), una cooperativa de vivienda colectiva considerada por el autor como su obra más relevante. Además, traza la transición hacia la arquitectura moderna que marcaría su obra posterior, y expone algunas publicaciones que delatan su pensamiento en esa época.

El periodo más conocido de Meyer ocupa el cuarto capítulo, que versa sobre su gestión como director de la Bauhaus (1926-1930), cuando el autor presenta a su sujeto en el marco de un funcionalismo radical que encausó las actividades de la afamada escuela hacia la resolución de necesidades sociales. A su salida de la Bauhaus, Meyer pasó seis años en la Unión Soviética, periodo que cubre el quinto capítulo del texto de Leidenberger. Aborda la estancia del arquitecto en Moscú, donde trabajó en la estandarización de elementos de construcción y donde también tuvo que enfrentar la polémica entre la modernidad arquitectónica y el gusto por edificios clásicos en la arquitectura oficial. Este capítulo trata su vida privada -en particular su relación con Lena Berger- y su labor en la planificación urbana.

De particular interés para quienes leemos este libro desde México es el sexto capítulo, dedicado a la estancia de Meyer en este país, a pesar de existir otros textos que lo han tratado.3 Meyer llegó a México en busca de trabajo, atraído al país por su simpatía con la Revolución Mexicana que daba frutos durante el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas. En su reseña sobre Meyer en México, Leidenberger aborda su vida personal -incluyendo sus amistades-, sus proyectos arquitectónicos -algunos concretados y otros no-, sus actividades de planificación urbana y su participación en la elaboración de la memoria de obra con el Comité Administrador del Programa Federal de Construcción de Escuelas (CAPFCE). El libro cierra con un capítulo sobre los últimos años de Meyer en Europa y con un ensayo bibliográfico que ayuda a comprender el lugar que ha ocupado Meyer en la historia de la arquitectura.

A decir de Arnold y Sofaer, la biografía es un medio privilegiado para comprender las ligas entre lo personal y la obra, porque permite “sacar a la luz la voz auténtica de los sujetos, revelar significados personales y estrategias en el espacio a la vez que provee una manera de analizar las relaciones entre lo personal y lo social”.4 Justamente en la revisión de esta vida nómada y en el trabajo arqueológico sobre el pasado de Meyer, Leidenberger crea una biografía que entiende la relevancia de la vida privada en la comprensión de la obra de un arquitecto, insertándose de esta manera en las discusiones contemporáneas sobre el tema.5

Esta relación queda patente en la revisión que hace Leidenberger, la cual cubre un arco temporal amplio -desde antes del nacimiento de Meyer hasta su recepción crítica después de su muerte- en aras de explicar cómo sus experiencias marcaron su devenir profesional. En este sentido, el autor parte de una exhaustiva revisión de correspondencia y de publicaciones de Meyer y sobre Meyer, así como de un importante acervo de datos duros, con el fin de especular sobre estas relaciones: ¿cómo es que las inquietudes sociales de su madre y su experiencia de vida en el orfanatorio, donde llevó una vida comunitaria, incidieron en sus ideas sobre lo colectivo y lo individual?, ¿cómo es que estas ideas marcaron proyectos como el conjunto de Freidorf?, ¿cómo es que experiencias tempranas con su padre afloraron en su gusto por lo clásico?, ¿cotros textos que lo han tratadoómo es que sus trabajos en el diseño gráfico y su acercamiento al arte motivaron un cambio de giro hacia una postura moderna en los años veinte? Al responder a estas y otras preguntas en su libro, Leidenberger entrelaza lo privado con el trabajo de Meyer y sienta las bases para atender la importancia de indagar en lo íntimo en el trabajo biográfico.

El autor advierte que pretende mostrar a Meyer en toda su complejidad, incluso con sus contradicciones; es así que plantea una visión amplia que no da lugar a un relato totalizador, sino a una narrativa que reconoce cómo es que el arquitecto fue cambiando a través del tiempo. No presenta un Hannes Meyer, sino a varios: el “publicista astuto y creativo”, el “moderno típico que abraza la universalidad”, el comprometido con la industrialización y la producción para el consumo de las masas, el exiliado y el planificador urbano, entre otros. Reconoce cómo su vida nómada marcó su vida profesional, en ocasiones coartando las oportunidades y en otras desviando su atención de la arquitectura hacia a disciplinas afines. Sin duda, la dispersión que resultó de una vida vivida entre Europa, la Unión Soviética y México también influyó en su poca visibilidad en la historia de la arquitectura.

Esta visión amplia, a partir de la cual Leidenberger analiza la vida y la obra de Meyer, pone sobre la mesa la relación entre arquitectura y política, pero en un sentido que se aleja de aquellas interpretaciones que se plantean en términos de lenguaje formal, como sería el caso de las arquitecturas del fascismo: la obra de Albert Speer al servicio de Hitler y el Tercer Reich; las obras promovidas por Benito Mussolini, como el Museo della Civiltà Romana y el desarrollo del barrio romano EUR; o en nuestro hemisferio obras como el Faro de Colón en Santo Domingo, proyectado durante el régimen de Rafael Trujillo. Se trata de obras que comunican el poder del Estado a través de un lenguaje clásico depurado y una escala monumental, con la finalidad de imponer respeto -o de intimidar- a la población.6

La aproximación de Leidenberger se acerca más a la visión de Antoine Picon cuando este último manifiesta que los “edificios orientan, y en ocasiones, obligan un comportamiento humano de una manera claramente política”.7 Esta idea de cómo la arquitectura propicia ciertas reacciones o comportamientos aflora en las discusiones en las que la obra de Meyer se percibe como un reflejo de sus ideas políticas, sobre todo en referencia a la prioridad de lo colectivo sobre lo individual y la convicción de que la misma espacialidad podría incidir en la construcción de nueva sociedad. En otro sentido, Picon refiere que “la arquitectura refuerza el orden político establecido al expresar sus valores centrales a través de diferentes medios, desde los principios de composición hasta el vocabulario ornamental”.8 Esta referencia al tema de los lenguajes en relación con la política aparece en la discusión de Leidenberger sobre la actitud de Meyer hacia la arquitectura soviética, que parece contradecir sus principios racionalistas, pero que evitaba criticar.

Para finalizar, cabe decir que, si bien se entiende que por las características editoriales del libro no presenta más que una pequeña selección de imágenes, los lectores hubiéramos agradecido que éstas no fueran tan limitadas, con el fin de posibilitar un análisis más detallado de las obras incluidas.

Cierro diciendo que celebro la publicación de esta biografía de Hannes Meyer porque, además de incorporar su producción como arquitecto, recupera sus acercamientos al arte abstracto y a la escritura, y reconoce en él una figura compleja, contradictoria e incómoda, en gran medida por sus políticas radicales. Promete ser una contribución importante al reconocimiento de este personaje de Hidalgo, México clave en el Movimiento Moderno.